Las cuatro formaciones que integran Galeuscat -la renovada denominación de la alianza que reúne al PNV, Convergencia, Unió Democrática y el BNG- relanzaron ayer su acuerdo de colaboración congregando a 150 cargos internos y públicos en un hotel de Madrid; una inédita asamblea que se benefició del impacto político y mediático derivado del acuerdo sobre el Estatut. Al calor de ese pacto, los integrantes de la plataforma nacionalista consideran que la reforma en Cataluña ha abierto «una puerta» a la consecución de sus reivindicaciones históricas, en defensa de un nuevo modelo de Estado que reconozca «su plurinacionalidad». «Es un buen acuerdo para vosotros y un buen acuerdo para nosotros», se felicitó Josu Jon Imaz utilizando el catalán, flanqueado por unos sonrientes Anxo Quintana y Artur Mas.
El líder convergente mantuvo ayer el halo de protagonismo que le ha conferido su negociación mano a mano con el presidente del Gobierno y fue el encargado de cerrar la comparecencia pública que protagonizó con Imaz, Quintana y el secretario general de Unió, Josep María Pelegri. Antes, la asamblea había arropado la presentación de una declaración política en la que Galeuscat se postula como «la única alternativa» a la actual organización del Estado y la tercera fuerza electoral frente «al modelo centralista del PP y al neoautonomista del PP». Junto a ello, sus integrantes remarcan que 2006 «debe ser decisivo» para «promover» la España plurinacional, haciendo pedagogía en la sociedad española a fin de superar «la homogeneización artificial» de las autonomías y la «deslegitimación» de los nacionalistas por su supuesta «insaciabilidad».
Ya en la tribuna, Imaz hizo suyo uno de los planteamientos de la declaración al asegurar que, en «este tiempo de encrucijada», el Estado constituye «una amenaza y una oportunidad» para el nacionalismo «moderno» y moderado: amenaza porque «niega como naciones» a Euskadi, Cataluña y Galicia y oportunidad porque sigue siendo «el espacio político prioritario de nuestra acción concertada». Visiblemente satisfecho por el pacto cerrado en Cataluña, el presidente del PNV recordó que Galicia aspira también a reformar su Estatuto -el BNG pide bilateralidad con Madrid y mejoras financieras- y auguró que Euskadi modificará el suyo fruto del nuevo «marco de convivencia y normalización» que negocien los partidos vascos.
«Integrador»
Imaz, que no mencionó en su intervención el plan Ibarretxe, envolvió en guante de seda las reivindicaciones nacionalistas y las defendió como un valor para «la calidad de la democracia»; un mensaje compartido por el resto de oradores, que dijeron representar, en palabras de Mas, un proyecto «integrador, convivencial y constructivo». El líder de CiU se dolió del «griterío» que ha rodeado al Estatut y del peligro de que desatara «el odio de la gente», antes de congratularse de que la reforma incluya en su preámbulo el reconocimiento de la «nación» catalana y dar por hecho que Zapatero ha dejado «una puerta entreabierta» para variar el modelo de Estado. Y a diferencia de lo ocurrido en tiempos recientes, comprometió el apoyo de su partido a los procesos que puedan impulsarse en Euskadi y Galicia, aunque no explicitó si eso se traduciría en una eventual mediación.