Mayo, Zubeldia, Samuel o Herrero tienen una misión: garantizar la conservación del maillot naranja y, de esta forma, los sueños de los que vienen por detrás, como Igor Antón, Koldo Fernández de Larrea o Aitor Hernández. Los nombres del relevo, de la ilusión. Son tres de las últimas gotas de un alambique, el de la cantera vasca, que empieza a dar síntomas de agotamiento.
Hace menos de un año, Igor Antón debutó en el Giro. Él no tenía que estar allí. Le llamaron de rebote, por la lesión de un compañero. Así conoció Italia. Le pidieron que aguantara unos días y que luego se bajara. Pero no se le puede pedir a alguien que despierte de su mejor sueño. Atacó en el primer repecho con el que se topó y se llevó a rueda a Bettini y Di Luca. Nada menos. Luego, con el peso de las etapas agarrándole las ruedas, se empeñó en llegar hasta el final, hasta Milán. Y lo hizo. Incluso se dejó ver antes en las rampas de La Finestre, aquel puerto de tierra donde Rujano casi voltea el Giro. Hace unos días, en la concentración de Benidorm, Miguel Madariaga le dijo que era una de la esperanzas del equipo. Respondió la sonrisa de Antón: «Eso me motiva aún más». No hacía falta. Más que un ciclista es una vocación. Un fan de su deporte: cuando el Giro llegó a Cesenático, aprovechó el día de descanso para visitar la tumba de su ídolo, Marco Pantani.
Un velocista
A Igor Antón y a Koldo Fernández de Larrea les unen la juventud y la clase. Y les distingue la arquitectura corporal. Antón es un escalador; Fernández de Larrea, un esprinter. 'El potro', le dicen. Es casi un caso único en el Euskaltel-Euskadi: un velocista, una especie en vías de extinción dentro del coto vasco. Dos escalofriantes caídas (Mallorca y Benelux) le arrojaron a las cunetas y ahora, en 2006, quiere desplegar su musculatura, recuperar su destino: la victoria. Fue campeón de España juvenil por delante de Luis León Sánchez. Y es, según dicen, un «valiente» en el sprint.
Fernández de Larrea se pegó durante toda una temporada por ser el mejor corredor amateur vasco con un chaval de Ermua: Aitor Hernández, el número uno de su promoción. Es otro producto de la calle Santa Ana, el hábitat de Pedro Horrillo e Igor Astarloa. Como ellos, tuvo que emigrar, a Italia, al LPR de Konychev y Aggiano, que casi podrían ser sus padres. En la Euskal Bizikleta de 2005 estuvo con los mejores. Es un ciclista total: rápido, listo y escalador. En Benidorm, cuando Igor González de Galdeano le colocó en el segundo grupo de entrenamiento, el que iba más lento, tragó bilis. Eso le define. Es un ganador. Uno de los que viene.