Tres puntos conseguidos de aquella manera, un suspiro general de alivio y a pensar en otras cosas más sugerentes. Así salió de San Mamés la afición del Athletic, cada día más voluntariosa y admirable en sus ánimos a un equipo que continúa cogido con alfileres y que ayer se libró del garrote vil de puro milagro. En realidad, gracias al amigo Puentes Leira, que le rescató obviando un claro penalti de Ustaritz en el minuto 48 y pitando en cambio otro mucho más dudoso de Matellán en el minuto 73, cuando el panorama no era precisamente halagüeño para los rojiblancos. Pero, en fin, la importancia de los puntos conquistados es tan inmensa y la situación tan preocupante que casi mejor olvidarnos del trencilla, mirar para otro lado y celebrar el golpe de suerte.
Lo que no conviene olvidar, eso sí, son los enormes padecimientos del Athletic, cuyo nivel de juego -diga lo que diga su locuaz entrenador- está muy lejos de acercarse al máximo que puede dar. La realidad es bien distinta a la que Javier Clemente quiere vender de una forma bastante absurda; más que nada porque esta afición tiene buena memoria y hace pocos meses veía jugar a este equipo a un nivel muy superior al actual. Desde luego, claramente superior al que exhibió ayer ante un Getafe que todavía debe estar preguntándose qué hizo mal para irse de vacío de 'La Catedral'.
Como otras veces -ya demasiadas, ciertamente-, el encuentro nació marcado por una decisión del técnico de Barakaldo, que volvió a llamar la atención con el once titular elegido. Muy pocos esperaban que el entrenador rojiblanco apostase por una defensa de cinco -se pensaba que, siendo tan imperiosa la victoria, se decantaría por un esquema más ofensivo, con Dañobeitia por la izquierda-, pero por lo visto el Getafe de Schuster merecía el mayor arsenal de prevenciones. De este modo, San Mamés no tardó en asistir a una situación a la que es complicado encontrarle el adjetivo adecuado. ¿Deprimente? ¿Paradójica? Nos referimos al hecho de que, jugando en su estadio y estando en puestos de descenso y, por tanto, más obligado que nunca a ganar, el Athletic saltara al campo con un esquema más precavido y conservador que el Getafe.
Más de una hora
A pesar de la victoria, la realidad es que ese esquema de cinco defensas, que Clemente prolongó durante casi una hora de partido, hasta que decidió hacer lo que mandaba el sentido común -sacar a Dañobeitia y retirar a un verde Ustaritz- fue un error que a punto estuvo de costar la victoria. Porque lo cierto es que los rojiblancos sólo se mantuvieron veinte minutos por encima de su rival. Lo hicieron como acostumbran: apretando mucho las tuercas desde el pitido inicial. Su descarga de energía pilló a contrapié a los madrileños y a punto estuvo de servir a los rojiblancos para inaugurar el marcador. Fue en el minuto 2, en una magnífica ocasión que Orbaiz no acertó a resolver; una lástima porque el paso del tiempo demostraría que el Athletic iba a necesitar sangre, sudor y lágrimas para fabricar oportunidades delante de Calatayud.
A partir del minuto 20, comenzó a hacerse visible la superioridad del Getafe, mejor puesto en el campo y siempre con más criterio que un Athletic al que le faltaba salida de balón y toda una banda, la izquierda, por la cual prosperar. Y es que Amorebieta no pasaba del centro del campo y Yeste prefería picotear por otros lares. De este modo, los pupilos de Schuster comenzaron a llegar a los dominios de Lafuente mientras un escalofrío recorría el espinazo de la hinchada bilbaína.
Riki estuvo a punto de hacer el 0-1 en el minuto 37, pero el balón se le fue fuera. No tenían ayer ajustado el punto de mira los delanteros del Getafe y bien que lo agradeció el Athletic en la segunda mitad, cuando el dominio de sus rivales se hizo más patente. Güiza, Pernía y Riki perdonaron. ¿Menos mal! Si a ese perdón se añade el cariño de Puentes Leira se explica que el Athletic haya pasado, al menos una noche, fuera de los puestos de descenso.
Los golpes de fortuna siempre son bien recibidos. Y mucho más en la actual situación de indigencia. Pero como no hay que confiar en que vayan a repetirse, lo más previsor sería intentar de una vez por todas que este equipo recupere su nivel de juego; que no se obsesione tanto con sus rivales y empiece a exprimir sus virtudes con una cierta continuidad. Todavía no lo está haciendo.