De negro, su color favorito, Iñaki Lafuente pasó a ser miembro de un selecto club. De ése que guarda a los metas que han llegado a la centena de partidos en una portería de tanto peso como la del Athletic. Ayer, en una gélida noche, se hizo un hueco en ese ránking, encabezado por el mítico Iribar (466), para convertirse en el décimo guardameta en la historia rojiblanca que rebasa esa mágica cifra en Liga. Lafuente se hizo centenario.
Era una noche especial para el meta de Retuerto por esta causa. Pero había otra razón que motivaba de forma especial al portero rojiblanco; volvía a ser titular en San Mamés. Después de dos aciagas tandas de penaltis en las que nada pudo hacer -en la Copa, su competición habitual desde que Heynckes le condenó al banquillo en la campaña 2002-03 en favor de Aranzubia, frente al Betis, y en la Intertoto ante el Cluj-, se reencontraba con el público de 'La Catedral'. Tenía ganas de demostrar su valía delante de su gente tras rendir a buen nivel en el Bernabéu -cuando Clemente le dio el puesto-, en el Camp Nou y en Anoeta, donde una palomita suya evitó el cuarto tanto realista.
Había pasado medio año desde su último encuentro en Bilbao. Y su más reciente actuación liguera se remontaba a un año y ocho meses. No le importó. Siguió el ritual de todo partido. Salió a calentar con su compañero e Iñaki Bergara, el preparador de porteros, que pese al frío llevaba un pantalón corto. Estuvo alrededor de 40 minutos preparándose para hacer frente a las posibles embestidas de Riki, Güiza y Gavilán.
El primero que le puso a prueba, sin embargo, fue Redondo. El interior zurdo estrenó los remates azulones en el minuto 2. Después, Lafuente vivió una plácida primera fase de encuentro debido a que el Getafe no volvió a acechar su meta hasta mediado el primer acto. De nuevo, con Redondo. Pero en ese período de inactividad el portero de Retuerto, renovado este verano hasta junio de 2010, no paró quieto. Movía los brazos y daba pequeñas carreras para no congelarse. Aún así, tuvo un pequeño fallo cuando al tratar de despejar un balón con el pie lo estrelló contra un rival.
Gritos de ánimo
Pero no estropeó esta simbólica fecha. De hecho, enmendó su error con una magnífica mano que envió a córner uno de los certeros e inquietantes zurdazos de Pernía desde fuera del área. Fue un instante de zozobra en el Athletic pues acto seguido Riki dispuso de un clara ocasión, que se marchó fuera por muy poco. Con carácter, Lafuente, que debutó el 16 de enero de 2000 de la mano de Luis Fernández, gritó a sus compañeros para darles ánimo y advertirles de que salieran de la cueva.
Y llegó el penalti a favor del Athletic. El portero no quiso mirar. Se dio la vuelta y esperó a ver la reacción del público. Con rabia, celebró el gol de Orbaiz. Entonces, el Getafe dio un poco más de trabajo al meta de negro, como el líder Iribar. Pero no hubo sobresaltos. Lafuente se fundió en un abrazo con los compañeros y festejó con un triunfo su centenario.