Erin Crowe -una joven pintora en el competitivo mercado artístico de Nueva York- sirve para explicar como Alan Greenspan durante sus 18 años al frente de la Reserva Federal, además de buscar el equilibrio monetario en la mayor economía del mundo, ha terminado por convertirse en una especie de icono de la cultura popular. Erin, con un punto de Andy Warhol, ha descubierto el filón de vender por miles de dólares numerosos retratos del 'money man' de Estados Unidos. Muy pocos economistas en el mundo tienen 'fans' dispuestos a colgar en las paredes de sus oficinas o casas la imagen del que consideran como garante de su prosperidad económica con casi dos décadas de inflación controlada, bajo desempleo, atractivos tipos de interés y el récord de expansión continuada en tiempos de paz registrado entre marzo de 1991 y marzo del 2001.
Desde su sensibilidad plástica, Erin ha descrito su interés por el oráculo de la Reserva Federal «en parte porque su cara es tan interesante, sus labios, sus orejas, su pelo; y en parte porque todo el mundo le reconoce». Y es que Alan Greenspan ha generado una «exuberancia irracional» en los escenarios más inesperados, inspirando desde composiciones musicales hasta un título honorífico de Su Graciosa Majestad británica y toda una sobredosis de halagos superlativos. En los múltiples análisis publicados estos días ante su jubilación prevista para este martes, un avezado estudioso de la cultura popular americana sentenciaba «este hombre se ha convertido en famoso por ser muy, muy brillante y muy, muy listo sobre algo que la mayoría de la gente no tiene ni idea de lo que es».
Prosperidad económica
Para Rodrigo Rato, desde su tribuna al frente el FMI, el mérito de Alan Greenspan como presidente del consejo de la Reserva Federal no es otro que haber dotado de credibilidad a la política monetaria de EE U, presidiendo durante 18 años, y cuatro diferentes ocupantes de la Casa Blanca, una era de impresionante prosperidad económica, solo interrumpida por dos recesiones más o menos llevaderas. Periodo jalonado por múltiples crisis financieras internacionales, fiascos bursátiles, ataques terroristas, guerras, cambios y mucha globalización.
En un análisis de 93 páginas, titulado 'El standard Greenspan', dos economistas de de la Universidad de Princeton -los profesores Alan Blinder y Ricardo Reis- no- han tenido problema en declarar como «legítima la reivindicación de que se trata del banquero central más grande de la historia». De hecho, su sucesor al frente de la 'Fed', Ben Bernanke, lo primero que hizo tras ser nominado en octubre del 2005 por el presidente Bush fue declarar su prioridad de seguir con las políticas aplicadas durante «los años Greenspan».
A partir de su licenciatura, master y doctorado en la Universidad de Nueva York, y crear su propia firma consultora, la 'era Greenspan' comienza con su papel como asesor informal de Richard Nixon en su primera campaña presidencial exitosa. Venciendo su reluctancia a trasladarse a Washington, el reconocido melómano termina por desembarcar en la capital federal haciéndose cargo del consejo de asesores económicos de la Administración Ford. Luego pasó a tomar las riendas de la Reserva Federal durante el mandato de Reagan, sucediendo a Paul Volcker, hasta alcanzar gradualmente su actual estatus a los 79 años de 'rock star' de la economía.
Pese a todas las 'laudatios', la gestión de Greenspan no está carente de reproches y críticas. La más repetida es que el longevo 'chairman', con sus políticas de abaratar el precio del dólar y respaldar los recortes de impuestos favorecidos por la Administración Bush, ha contribuido a multiplicar los 'números rojos' del gigante americano, tanto en el presupuesto federal como en las finanzas familiares y el desbocado déficit comercial. Con estas reservas, Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley, argumentaba durante estos días de homenajes en cadena que «no va a ser posible juzgar verdaderamente sus logros hasta que no veamos como toda la deuda acumulada evoluciona en la era post-Greenspan».