Cumplir el servicio militar obligatorio se ha convertido en un calvario para los jóvenes rusos. No sólo porque es posible acabar reventado por una bomba de los separatistas chechenos, sino también porque pueden ser tus propios compañeros o superiores los que te envíen al otro barrio o te dejen inválido para el resto de tus días. El caso de Andréi Síchev, de 18 años, ha sido uno de los más sonados en los últimos años y no porque no se hayan producido otros más graves.
Síchev fue torturado brutalmente durante tres horas por un sargento ebrio la noche de fin de año, mientras otros soldados e incluso oficiales contemplaban complacidos el espectáculo. Se trataba de una de las habituales novatadas a las que son sometidos los recién llegados a la unidad, un batallón de tanques desplegado en la localidad de Bishkil (región de Cheliábinsk), junto a los montes Urales. La 'broma' le ha costado al joven soldado, que sigue hospitalizado y en estado grave, la pérdida de las extremidades inferiores y los genitales.
El sargento Alexánder Siviakov decidió divertirse un poco. Obligó a Síchev a andar de cuclillas mientras le golpeaba en las piernas con todo lo que encontró a su alcance. La tortura se prolongó por espacio de tres horas. Pese al intenso dolor y a los hematomas, el recluta no fue dado de baja. El oficial médico ni siquiera quiso atenderle. El 4 de enero, cuatro días después de la paliza, Síchev no acudió a la formación porque no se sostenía en pie. La gangrena le estaba ya carcomiendo. Ese mismo día, fue hospitalizado y tuvieron que amputarle las dos piernas y los genitales para salvarle la vida.
Juicio por «abuso»
El sargento está ahora bajo arresto, junto a otros siete militares, y el comandante en jefe del batallón ha sido relevado y expulsado del Ejército. A todos ellos les espera un juicio por «abuso de poder con consecuencias graves». El hecho se dio a conocer el pasado jueves, 25 días después de que tuviera lugar. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, ha condenado con dureza lo sucedido.
Los dos centenares de personas que ayer se manifestaron en Moscú y Yekaterimburgo para protestar pidieron, precisamente, la dimisión de Ivanov, así como también la de toda la cúpula militar y la del presidente Vladímir Putin. Y es que, cada año, miles de reclutas rusos son víctimas de las novatadas y centenares de ellos no viven para contarlo.