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Domingo, 29 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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Suelo resbaladizo
La masificación, el aumento de modalidades y la visión turística de un deporte «con cierto riesgo» explican los 60.000 accidentes que registran las pistas de esquí cada temporada
RESCATE. Escenas como ésta, en la que un socorrista evacua a un esquiador herido, se repiten cada vez con más frecuencia en las montañas españolas. / EL CORREO
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Seis muertes -tres en Sierra Nevada, dos en Candanchú y una en Valdezcaray- han convertido los dos primeros meses de la temporada de esquí en uno de los periodos más luctuosos que recuerdan los aficionados a la nieve en España. Desde que dejó de estar vinculada al alpinismo, esta actividad se ha convertido en un deporte de masas que mueve a seis millones de esquiadores al año. La contrapartida es la siniestralidad. En cada campaña se producen alrededor de 60.000 accidentes de mayor o menor gravedad, según datos aportados por ACEM (Asociación Catalana de Estaciones de Esquí y Actividades de Montaña).

Estos datos preocupan a los profesionales del sector. «Cada vez hay más gente que esquía, y a mayor densidad más posibilidades de accidentes», afirma Manuel Rodríguez, gerente de la estación de Navacerrada y secretario de ATUDEM (Asociación Turística de Estaciones de Esquí y Montaña, que agrupa a 35 centros).

Aunque las pistas han ganado en amplitud y seguridad y el material ha evolucionado, una de las claves de la siniestralidad parece residir precisamente en que el esquí sigue siendo un deporte de riesgo al que muchos usuarios ven como una forma más de hacer turismo. Y nada más lejos de la realidad. «El esquiador -insiste Rodríguez- tiene que conocer sus propias limitaciones. Por ejemplo, deslizarse más deprisa no significa que se vaya a disfrutar en mayor medida. Realmente, uno disfruta cuando controla la velocidad».

Los esquís 'carving', las nuevas fijaciones y las botas permiten giros más controlados, estables y precisos, pero, al mismo tiempo, los esquiadores se sienten capacitados para ir más rápido. Además, el abaratamiento del material y los avances técnicos posibilitan que cualquiera aprenda a esquiar en apenas dos semanas, «y se arroje a la aventura sin pensárselo dos veces, sobre todo la gente joven», asegura Eduardo Valenzuela, miembro de ATUDEM.

Lesiones más comunes

Para Patrik Roldán, monitor en Candanchú desde hace nueve años, la siniestralidad en este deporte obedece a varias causas. «Por un lado está la popularización del esquí. Un 80% de personas ha ido alguna vez a esquiar o lo ha probado. La masificación en las pistas es terrible. Por otro lado, se ha perdido el respeto hacia una práctica deportiva que entraña un cierto riesgo».

A bordo de unas tablas una persona es capaz de alcanzar los 200 kilómetros por hora en competición. El usuario normal puede llegar a los 60 kilómetros por hora. A esa velocidad los choques se multiplican. Pero las estaciones españolas son reacias a facilitar datos sobre la siniestralidad en sus pistas. Tan sólo Sierra Nevada publica en su web datos estadísticos al respecto.

Si se analizan los números, fueron 3.621 las personas que sufrieron algún accidente la temporada pasada, casi 1.000 menos que en la campaña 2003-04. Del total, 2.631 accidentes fueron en pistas verdes, las de nivel más bajo. En esquí alpino, el 34,8% de las lesiones fueron de rodilla, y el 23,2% de las sufridas por la práctica del snowboard fueron de muñeca.

Según datos facilitados por Intermundial Seguros, más de un 6% de los esquiadores sufre algún tipo de lesión o percance. Por eso son cada vez más exigentes a la hora de contratar un seguro. Más de un 65% de las personas que viajan a la nieve se preocupan de tramitar una póliza que les proteja en caso de sufrir algún incidente.

La población de mayor riesgo son los varones y la edad media se sitúa en los 29 años para los practicantes de esquí alpino, y en la adolescencia para los 'snowboarders'. El 'boom' del surf de nieve ha provocado que, año tras año, aumente el número de lesiones en los miembros superiores. La más común en esta disciplina es la fractura de muñeca, que alcanza el 51% entre los principiantes. Los veteranos, aunque con menor frecuencia, sufren heridas de mayor gravedad.

Las lesiones más comunes en esquí alpino son la rotura de rodilla y la distensión del pulgar, según datos aportados por el centro médico de Baqueira Beret, que atiende diariamente a unos 60 pacientes. «No todos los partes son graves. También se tratan pequeñas cosas como esguinces, contusiones o luxaciones. Lo que sí ha desaparecido son las lesiones de tobillo debido a la calidad de las fijaciones y a la mejora de las botas. Por contra, se producen lesiones en las articulaciones más altas», asegura el doctor José Luis Muñoz. El facultativo de la estación catalana opina que los partes se podrían reducir si los aficionados estuviesen mejor preparados físicamente e hiciesen un calentamiento previo.

Se vende riesgo

Manuel Rodríguez afirma que el principal problema de las pistas españolas «es que todo el mundo cree que sabe esquiar y no hace caso de las restricciones. En muchos casos no se respetan las normas. La gente accede a pistas que no son de su nivel. A todo ello hay que sumar que cada vez hay más gente que prueba el fuera de pista, una práctica peligrosa si no se conoce la montaña y la nieve».

Javier Garrido, guía de alta montaña y profesor de esquí fuera de pista en Aragón Aventura, considera que hay esquiadores y snowboarders que acceden a zonas no balizadas sin tener un conocimiento y una preparación adecuados. «Practican el 'freeride', una disciplina en la que todo vale. Buscan la libertad que ofrecen las zonas no acotadas. Por lo general, es gente joven que ha visto fotos alucinantes en revistas o imágenes idílicas en vídeos donde se ve a un esquiador saltando por una cornisa o deslizándose seguido de una avalancha. Se vende el riesgo como algo accesible que reporta sensaciones únicas».

Pero la realidad es otra. «El Pirineo tiene muchas limitaciones para practicar el fuera de pista por la cambiante calidad de la nieve. Un día hay nieve polvo excelente y al día siguiente te encuentras con nieve costra, venteada o hielo. Hay que conocer muy bien la montaña», añade Garrido.

Otra variable importante es el riesgo de avalanchas. «La mayoría no sabe lo que es la Escala Europea de Avalanchas y no se preocupa de mirar el parte de la estación. Cuando van a zonas no balizadas es raro que lleven un ARVA (aparato de búsqueda de víctimas de avalanchas), una pala o una sonda. Nuestros cursos se dirigen hacia el montañero y hacemos, sobre todo, hincapié en la seguridad».

Mejorar la información

Cuando alguien accede a una zona no balizada la estación se exime de cualquier responsabilidad. «Evidentemente no se puede prohibir, pero quizás sí habría que insistir en la prevención», comenta el guía. El secretario de ATUDEM propone que se hagan campañas de concienciación: «Las federaciones pueden ser una buena plataforma».

Alberto Serrano, secretario de la Federación Vizcaína de Deportes de Invierno, admite que «si tuviésemos más protagonismo se podrían hacer más cosas, porque las estaciones no dejan de ser privadas. A los niños y jóvenes que llevamos a la nieve les inculcamos que siempre deben esquiar según su nivel y dentro de las pistas».

A su juicio, «hay fuera de pistas que son una maravilla, pero es preciso tener mucho nivel de esquí, conocer muy bien la estación y el estado de la nieve. Mucha gente va a una velocidad inapropiada, otros no tienen ni idea pero acceden a zonas de nivel porque les lleva un amigo Se cometen muchas imprudencias. No sé por qué, pero todo el mundo que va a la nieve cree que es bueno, va muy por libre. Se necesita más información y concienciación».

Otro factor de riesgo en pistas es la confluencia de distintas modalidades deportivas, como el snowboard. Desde su aparición, el riesgo de accidentes ha aumentado, ya que la capacidad de frenada y de reacción para evitar el choque con otros esquiadores es mucho más reducida. Al mismo tiempo, los problemas de convivencia se han multiplicado. «Hay un sector del snow que es muy respetuoso, pero otros se deslizan como si estuviesen ellos solos. Que haya diversidad en las pistas está muy bien, pero siempre respetándonos. El conflicto es continuo y será difícil de solucionar», pronostica Patrik Roldán.

Quizá una de las herramientas que mejor contribuyan a ordenar las actividades en la nieve sea la reclamada ley del esquí. El encuentro que ATUDEM celebró el 21 y 22 de enero en Baqueira Beret sirvió para presentar un compendio de propuestas para garantizar la práctica racional del deporte blanco. El informe, elaborado por la Comisión de Industria, Turismo y Comercio del Senado, cuenta con la unanimidad de los partidos y, según el senador del PSOE Manuel Pezzi, es de una vital importancia «para que dentro de un año se establezca como legislación, algo que las estaciones y usuarios demandan desde hace tiempo».

Entre las propuestas figuran establecer el uso obligatorio del casco para esquiar a los menores de 14 años y formar un cuerpo de 'pisters', una policía con potestad para tomar las medidas pertinentes e incluso sancionar económicamente cualquier actitud arriesgada. Con la nueva legislación también será indispensable poseer un seguro de responsabilidad civil que se adquirirá junto con el 'forfait'. Además, las estaciones deberán contar con personal para socorrer a cualquier accidentado.



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