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Martes, 31 de enero de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Y apareció Rodman
Y apareció Rodman
EN ACCIÓN. Rodman, en Inglaterra. / EFE
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Sería la resaca de la lucha por la clasificación para la Copa, el acontecimiento del BEC o los 81 puntos de Bryant, pero como que de repente esta semana me ha parecido de lo más sosa. Todo en su sitio, aseadas victorias de casi todos los favoritos, ninguna actuación de estas de llamar la atención y tampoco nada fuera de lo común en el anecdotario. Vale, sí, ganaron los dos equipos vascos, pero ni es novedad ni tampoco fueron de esas victorias que estimulan la escritura. Unicaja remató un mes de enero impoluto que le confirma como el valor más seguro del panorama, pero teniendo en cuenta la proximidad de la Copa, mejor esperar a ver lo que pasa para cantar definitivamente sus excelencias. Pamesa pinchó con el colista, pero qué quieren que les diga, ni cuando encadenaban victoria tras victoria me llegaron a parecer muy fiables los valencianos.

Y La 2 ofreció el Gran Canaria-Akasvayu donde se volvió a confirmar que hay que retrasar la línea de tres puntos si no queremos que el baloncesto siga mutando hacia concurso de triples. Temas todos ellos menores sobre todo si lo comparamos con los de hace una semana. En esas estaba, dándole vueltas al qué y cómo de esta sección semanal cuando se hizo la luz. El noticiario deportivo estaba prácticamente terminado una vez vistos por enésima vez los goles del fin de semana, y en estas que apareció uno de mis héroes favoritos. El genuino, inconfundible e irrepetible Dennis Rodman. No, no estaba vestido de mujer, ni haciendo que luchaba en un cuadrilátero, ni tampoco en el campeonato del mundo de tatuajes. Ni siquiera era el trailer de una película donde formaba pareja de guardianes de la ley y el orden con algún gran actor en la cumbre de su carrera como Mickey Rourke, Steven Segal o aquel alto y rubio que peleó con Rocky en no se qué número de secuela. Nada de eso. Era mucho más sorprendente. ¿Rodman estaba jugando a baloncesto! Las imágenes llegaban de la liga inglesa donde al parecer ha recalado el querido Dennis seguramente por espacio de tiempo corto y cheque de libras largo. No iban más allá de los 20 segundos, pero suficientes para verle tirarse por un balón en plancha que se iba por la línea de fondo, una de las jugadas marca de la casa. La ovación, y bien lo sabía él cuando decidió recordar viejos tiempos, fue instantánea.

Dada la escasez de noticias, decidí recordar viejos tiempos. Y a la hora de elaborar un juicio sobre Dennis Rodman sería una equivocación dejarse llevar por este sin duda patético y mercenario final, o por las constantes payasadas y desafíos al poder establecido en los que incurrió a lo largo de su carrera deportiva. Rodman fue un excepcional atleta, un defensor implacable con un instinto agudísimo a la hora de capturar rebotes y mucho más responsable de lo que parecía, pues no se llega a los treinta y muchos en el estado de forma que le permitió formar parte de uno de los equipos legendarios de la NBA, los Bulls de finales de los noventa. Pero sobre todo, Rodman fue un atrapafocos. Su capacidad para atraer la atención sobre su persona era enorme, y no sólo estamos hablando de lo accesorio. Esa misma atracción la ejercía sobre sus rivales, a los que en muchas ocasiones terminaba por trastornarles y sacarles de sus casillas. Por eso su aportación al juego iba más allá de la incansable captura de un rebote tras otro. Su impacto en aquel equipo no fue ni mucho menos secundario y los Bulls sacaron enorme provecho de un fichaje que pareció una locura. Nada más lejos de la realidad. Rodman se encontró un equipo hecho, maduro, sólido. Seguramente en sus primeros tiempos buscó lo mismo que había hecho con anterioridad, autodestruirse a base de conflictos, pero entre Phil Jackson y Jordan supieron hacerle ver que no iban a entrar al trapo. Rodman lo entendió y durante tres temporadas se dedicó a jugar a baloncesto con unos resultados magníficos, tanto individual como colectivamente. En medio de un equipo sobrado de encanto, Rodman tuvo arte y parte y además de su juego nos hizo disfrutar con sus fechorías. Seguramente hoy en día un personaje como él estaría fuera de lugar, pero hay que reconocer que se ganó a pulso un lugar en nuestro recuerdo. Gusano, te echamos de menos.




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