El Correo Digital
Martes, 31 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
MUNDO
MUNDO
Una batalla pendiente
El 'soldado Marlboro', icono de la guerra de Irak en EE UU, se enfrenta a mórbidas alucinaciones y dificultades de comunicación a su regreso a casa
Una batalla pendiente
Blake Miller muestra la foto que le hizo famoso mientras prestaba servicio en Irak. / P. R.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Pese al tópico de que una imagen vale más que mil palabras, muchas veces las instantáneas en periodismo no sirven para contar una historia completa. Éste es el caso de Blake Miller, el joven marine protagonista de uno de los primeros planos más emblemáticos de la guerra de Irak. Un alarde de fotoperiodismo, logrado por 'Los Ángeles Times' en noviembre de 2004, que mostraba el rostro del soldado ensangrentado, sucio, fumando un Marlboro, pero sin bajar la guardia durante los combates en Faluya.

Este joven de 21 años -envejecido antes de tiempo- ha vuelto a su Kentucky natal después de recibir una prematura baja médica de su inicial contrato por cuatro años con la Infantería de Marina de Estados Unidos. No sin antes ser desplegado en la Nueva Orleans arrasada por el 'Katrina'. Pero este deseado retorno a casa se ha convertido para el soldado Miller en su siguiente batalla. Esta vez, el enemigo se llama síndrome de estrés postraumático, el 'daño colateral' psicológico que acecha a veteranos de conflictos bélicos.

Esta geoestratégica reencarnación del 'hombre Marlboro' presenta síntomas como pesadillas aterradoras, problemas para dormir y cuando finalmente concilia el sueño sus dedos intentan apretar imaginarios gatillos. Ahora, tiene demasiada facilidad para encolerizarse y dificultades para comunicarse. A veces, sufre mórbidas alucinaciones y no puede soportar ver fuegos artificiales. Y cuando escucha el petardeo de un viejo automóvil, reacciona como si fuera víctima de una emboscada.

La foto de Miller no cuenta que a los 13 años se puso a trabajar en un túnel de lavado de coches, y a los 14 empezó a fumar. La posibilidad de obtener un título y licencia de mecánico le llevó al terminar la 'high school' a alistarse a los 18 años en los Marines, cuatro meses antes de la invasión de Irak. Teatro de operaciones donde terminaría destinado con el primer batallón, del octavo regimiento de la Segunda División de Infantería de Marina. Multiplicando en el camino su consumo de cigarrillos.

Estacionados en la provincia de Anbar, las misiones iniciales fueron bastante llevaderas hasta que el 5 de noviembre de 2004, en mitad de una tormenta de arena, su columna recibió órdenes de encabezar el asalto de Faluya, en aquellos momentos la capital oficiosa de los insurgentes iraquíes. Tres días después, desde el momento en que desmontaron de sus vehículos blindados, la unidad de Miller fue atacada constantemente. Combates en los que sufrió heridas de metralla, daños en un oído, la pérdida de algunos de sus mejores amigos y el impactante reto de disparar a corta distancia contra enemigos.

19.000 veteranos

En una de esas situaciones apuradas, sobre el tejado de un edificio, el cabo de los Marines escuchó pasos en las escaleras y estuvo a punto de ametrallar al fotógrafo 'empotrado' Luis Sinco que inmortalizaría su rostro el 9 de noviembre. Cuando la foto se hizo famosa, los superiores de Miller contemplaron la posibilidad de mandarle a retaguardia para no tener que lidiar con el desastre de relaciones públicas del marine más famoso de EE UU muerto en Faluya.

Con la ayuda de su pareja, Jessica, Blake Miller ha empezado a buscar ayuda psicológica dentro del sistema sanitario que más o menos cubre a los ex militares del Pentágono. Si se materializa una pensión de incapacidad por su síndrome de estrés postraumático -el PTDS, que también aflige a otros 19.000 veteranos de Irak y Afganistán- aspira algún día a iniciar su propio negocio y formar una familia. Pero de momento, tiene que concentrarse en la pelea para reconquistar su cordura.

Quizá como parte de su terapia, pasando de fumar cinco cajetillas diarias a una, Miller intenta evitar la foto en cuestión sobre aquella terrible jornada en Faluya. Según ha explicado, «procuro no mirarla mucho, en ella solo veo un día que prefiero no recordar, pero que nunca olvidaré».




Vocento