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Miércoles, 1 de febrero de 2006
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La Policía se disculpa por no atender un aviso de robo en una farmacia de Bilbao
Atribuyen el fallo a una «falta de coordinación» de los agentes que recibieron la llamada en la comisaría de La Cantera, en Bilbao la Vieja
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A mediodía del pasado lunes, «un joven magrebí de unos treinta años» alteró por dos veces la tranquilidad en una farmacia de la calle San Francisco, en Bilbao. En un primer momento logró robar los 1.200 euros que un hombre llevaba en el bolsillo; después, el azar quiso que tuviera que volver para recuperar su cartera, perdida en el forcejeo inicial con los presentes: dos farmacéuticas y cuatro clientes. La primera reacción de la dueña fue llamar a la comisaría de la Policía Municipal en La Cantera. Un agente tomó todos los datos. Pero tras varios minutos de espera, nadie apareció por la farmacia.

Ayer, los máximos responsables del cuerpo reaccionaron con la mayor celeridad. Después de reconocer los hechos, pidieron «disculpas por no haber podido dar plena satisfacción a dicho requerimiento». Explicaron que el 'olvido' se produjo por una «falta de coordinación entre los agentes receptores de la llamada y el trámite de verificación de la misma». De hecho, el jefe de la propia comisaría se entrevistó ayer «personalmente» con la interesada para explicarle todo lo ocurrido.

Los hechos se produjeron pasadas las once y media del lunes. Según relató la propietaria de la farmacia, un joven de unos treinta años y origen magrebí entró al local «fumando». Tras llamarle la atención, reaccionó «sin causar problemas». A continuación, pidió algo para el dolor de muelas. «Entonces me di cuenta de que estaba robando a un señor. Salí del mostrador y le llamé la atención», relata la propietaria.

Pérdida de la cartera

Después de un fuerte forcejeo con los presentes, el ladrón logró huir con el dinero, 1.200 euros que un hombre mayor acababa de sacar de una sucursal de la calle Hernani. Pero la casualidad quiso que la cartera que cayó al suelo no fuera la de la víctima del hurto, sino la del joven inmigrante, quien minutos después regresó a la farmacia. «Llevaba otra ropa en la parte de arriba, no sé si era para despistar», explicó la otra farmacéutica.

Lo cierto es que tras un nuevo forcejeo para que le devolvieran la cartera -los clientes fueron «empujados» contra las vitrinas del interior del local-, el asaltante logró huir. Varios billetes de 50 euros se cayeron por el suelo, así que la víctima del robo logró recuperar, al menos, mil euros. Acto seguido, cuatro minutos después de la doce, llegó la llamada telefónica a comisaría.

Ya más tranquila, aunque igual de indignada, la dueña de la farmacia denunció la delincuencia que sufren vecinos y comerciantes del barrio. «Estamos hartos de situaciones como éstas y aún peores», añadió.




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