El Correo Digital
Jueves, 2 de febrero de 2006
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El hundimiento de un carguero en el Canal de la Mancha, con 10.000 toneladas de ácido fosfórico a bordo, tras colisionar con otro buque, representa el aldabonazo periódico que la siniestralidad marítima da sobre la seguridad de la navegación y los riesgos medioambientales que comporta. En principio, las autoridades descartan graves riesgos de contaminación por el material transportado. Pero la sombra de las grandes catástrofes se cierne sobre una ruta que contempla el paso de 300 navíos al día y que, como en el caso de Finisterre, acumula una larga lista de percances.



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