El Correo Digital
Jueves, 2 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
El escándalo
En París, esa izquierda divina, diletante, culta, egoísta y encantadora, entre ellos viejos amigos, presenció en pase privado y unos días antes que el público general 'Marock'. Ellos siempre desean conocer de primera mano aquello que será noticia en sus corrillos y núcleos de influencia. Como buenos burgueses de izquierdas. Personalmente, la película me recordó aquellos primeros tanteos de nuestro cine a comienzos de la Transición donde, levemente, se destapaba el cutre velo tras el cual se ocultaba la vida real.

'Marock' ya nació con el escándalo anunciado porque una chica musulmana besa a un chico judío. Niños de la burguesía marroquí cuyas prioridades no son una patera para sobrevivir sino emular a los adolescentes europeos. El beso provoca el escándalo y el destrozo de las vestiduras de quienes necesitan vivir escandalizados con asuntos menores para desviar la atención de aquellos otros realmente sangrantes.

La película tendrá dificultades en Marruecos, como en nuestro país escandalizan las bodas de homosexuales, la desintegración familiar y otros asuntos irrelevantes pero necesarios para mantener la sociedad que permite el asesinato de niños en medio mundo, el hambre, las guerras, la tortura, la pena de muerte... la infamia en general y con mayoría abrumadora de víctimas. Mejor escandalizarse por un beso adolescente, por un matrimonio entre hombres, que por aquello realmente importante.

Uno de esos amigos, burgués, intelectual, cínico y casi sabio afirmaba en el debate posterior: «Nuestra sociedad, para mantenerse inmutable en los privilegios de unos pocos, necesita, de vez en cuando, montar un follón escandalizado por estos asuntos para evitar que la cruel injusticia mundial origine la pérdida de su jardín privado». O sea, como bien diría un personaje de la gran novela 'El Gatopardo', es necesario cambiarlo todo para que todo permanezca igual. Así, mientras nuestros burgueses se asustan porque su pequeño chalé, su coche nuevo y sus vacaciones exóticas pueden verse amenazadas y permiten el vocerío de los profesionales del escándalo, el mundo continúa su larga marcha de crueldad. Siempre y cuando suceda lejos de sus confortables hogares y no les salpique la sangre de los niños asesinados sus paredes, siempre y cuando el hedor del hambre y la guerra no perturbe sus rosales.

Cada vez que escucho a uno de esos profesionales del escándalo rasgarse las vestiduras, por unos papeles trasladados, por unas bodas, por unas nimiedades que podrían ayudarnos a ser felices a todos, temo que nos alejamos un paso más de poner soluciones serias al serio problema de una Humanidad abocada a la destrucción.



Vocento