Uno de los proyectos más ambiciosos de la carrera del director artístico del Teatro Arriaga, Lluís Pasqual, se estrenará el 25 de febrero en Bilbao. La representación consecutiva de dos clásicos: 'Hamlet' y 'La Tempestad' de William Shakespeare para que el público pueda pensar, ya que se trata de «hurgar en el ser humano». La muerte, la venganza, el perdón «son temas que nos afectan a todos; aún más en el País Vasco y, para reflexionar sobre esto, tenemos las palabras de un gran poeta», explicó ayer Pasqual, en referencia al dramaturgo inglés.
Este ambicioso montaje y primera producción del Arriaga ha requerido la formación de una compañía de 20 actores de la categoría profesional de Marisa Paredes, Eduard Fernández, Francesc Orella, la joven Rebeca Valls y Aitor Mazo, entre otros. Todos ellos llevan ensayando desde el mes de noviembre. «Ahora comienza lo que llamo 'cocinar el plato'».
El director catalán nos mostrará las dos caras de una misma moneda: «Hamlet se rebela contra una situación política y social que le afecta moralmente y, para terminar con eso, tiene que morir; Próspero dispone de todo el poder en la mano para vengarse pero, al final, olvida el uso de la violencia».
Con este proyecto, Pasqual, quiere contar la historia de estos dos títulos con los actores casi al desnudo en el escenario y de la manera más nítida. Una silla, una escalera y un telón -un lado de lentejuelas y el otro de tela gris- servirán como únicos elementos escenográficos. «Los teatros donde vamos a estar son más grandes que para los que estas obras están escritos. Así que hemos querido acercarnos al público».
«Shakespeare emplea de forma inteligente la amargura en una comedia y la comicidad en una tragedia». 'La Tempestad' es un cuento amable, una parábola donde la «música adquiere gran importancia», adelanta el director, que introducirá unos 'palets' para dar la sensación de una isla.
El Hamlet de esta producción, que acudirá al festival de Bogotá y hará una gira por distintos puntos de España, es «obsesionado y, muchas veces, incapaz de distinguir entre la mentira y la verdad». Pero, según Pasqual, la creación del personaje corresponde «al actor y al público».