La más significativa referencia que tenemos del excéntrico guionista y director galo Bertrand Blier es 'Los actores' (2000), inclasificable experimento al que se prestaron las grandes figuras de la interpretación francesa para conseguir la nada absoluta, la extravagancia más retorcida e incomprensible. Pues con tales antecedentes, por no mencionar la tortura de 'Les Colettes' (2003), queda el público advertido de lo que le espera con ésta, su última aportación al absurdo cinematográfico.
La película cuenta con un arranque impropio de este realizador -por su carga de inicial interés y curiosidad- en el que un pusilánime sujeto agraciado con el gordo de la lotería contrata los servicios de una atractiva puta de lujo (Monica Bellucci) a razón de cien mil euros al mes. Sin embargo, Blier consigue destrozar toda posibilidad de hilvanar un drama, o una comedia, en el que surjan las contradicciones, anhelos, prejuicios, comicidades y hasta amores; en fin, cualquier cosa que con lógica humana pueda derivarse de tal situación.
Resulta complicado analizar lo que ha hecho Blier en esta ocasión. Algo sin pies ni cabeza donde las situaciones se repiten una y otra vez, con la protagonista en plan pechugona, que se va y vuelve, turbando a un personal absolutamente anormal que a ratos juega al drama y otros a la comedia en su versión más ridícula. La supuesta profundidad de diálogos y pensamientos es pura fachada, apariencia con posturas y composiciones de lujo que aburren hasta el infinito y más allá.