A un punto de las semifinales
España ganó con apuros a Ucrania y le vale un empate ante Eslovenia para luchar por las medallas
LEONTXO GARCÍA/COLPISA ENVIADO ESPECIAL. BASILEA
 BUENA DEFENSA. Garabaya y Lozano frenan el avance del ucranio Kostetskiy. / AP
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| UCRANIA 29 - ESPAÑA 31 |
Ucrania: Bilyk (doce paradas), Nat (1), Kisil (3), Shelmenko (5), Petrenko (2), Stetsuyra (4), Andriushenko (2) -equipo inicial, en ataque-, Remízov (1), Natalyuk, Tjorevski (6, todos de p.), Gurkovski (1), Kostetski (2), Prudius (3) y Gladun. Excluidos: Remízov (2).
España: Hombrados (doce paradas), Juanín (10, tres de p.), Lozano (1), Chema Rodríguez (3), Garralda (2), Garabaya (1), Juancho Pérez, -equipo inicial, en defensa-, Rocas (4), Mariano Ortega (1), Beláustegui (1), Iker (2), Fis (6), Davis y Barrufet (no jugó). Excluidos: Juancho Pérez y Garabaya (3).
Marcador cada cinco minutos: 3-2, 7-6, 9-8, 11-12, 13-14, 15-17 (descanso), 16-19, 18-23, 22-26, 23-20, 25-31 y 30-31.
Árbitros: Falcone y Rätz (Suiza).
Incidencias: Último partido de la 2ª jornada de la 2ª fase del Europeo en el Saint Jakobs Halle de Basilea. |
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El campeón del mundo ganó otra vez, con los suplentes, por su variedad de recursos, pero sin brillar en un mal partido y sufriendo hasta el último minuto. Si Alemania gana hoy previamente a Polonia, España deberá al menos empatar con Eslovenia (jueves, 20.00, La 2) para estar en semifinales. Ucrania tuvo 15 minutos de iniciativa en el marcador, los que tardó España en convertir una retaguardia de cortesía en una muralla en 6-0 como es debido; durante ese primer cuarto de hora se echó de menos atrás a Beláustegui, cuyas prestaciones defensivas en los partidos anteriores fueron bastante mejores que las ofensivas. Sin embargo, Hombrados ocupaba con solidez el puesto de Barrufet entre palos.
Pero los atacantes tampoco estaban inspirados. Se suponía que era el día del gran artillero Julio Fis, máximo goleador de la Liga Asobal durante las tres últimas temporadas. Y empezó bien: tres goles de tres intentos; pero luego falló tres seguidos, mientras sus compañeros estaban a su altura en un tono grisáceo. Pastor cambió a Chema por Iker en la dirección del juego, y a Garralda por Mariano Ortega en el lateral derecho, pero la mejoría fue pequeña.
De modo que el objetivo de España, ganar por una enorme diferencia, parecía poco menos que imposible al descanso (15-17). Justo cuando hacía falta echar el resto para que la última jornada de la segunda fase, contra Eslovenia, fuera un entrenamiento con himnos, España volvía a dar la sensación de que sus buenos resultados no se deben a la brillantez del equipo, sino a la calidad individual de algunos jugadores.
Batuta de Romero
Bajo la batuta de Iker Romero y con varios suplentes, el vigente campeón del mundo salió en la reanudación dispuesto a sentar cátedra. España se fue despegando en el marcador, pero sin arrasar como debía. Y entonces llegó el sobresalto: ante la parsimonia española, Ucrania remontó y tuvo un balón para empatar el partido en el último minuto. En la memoria de los periodistas españoles resonó entonces lo que el director técnico de la Federación, Javier García Cuesta, había dicho dos días antes: «Veo a nuestros jugadores tan seguros de sí mismos que su confianza me parece peligrosa».
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