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Jueves, 2 de febrero de 2006
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ATHLETIC
San Mamés reprende a sus estrellas
Históricamente, la afición rojiblanca ha pitado a los jugadores del Athletic con mayor calidad; desde el mítico 'Pichichi' hasta Fran Yeste, el caso más reciente
San Mamés reprende a sus estrellas
YESTE agradece el apoyo del público tras ganar al Getafe. / B. AGUDO
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Un estigma persigue a las figuras del Athletic en San Mamés: los jugadores rojiblancos con una capacidad técnica superior al resto de sus compañeros reciben las pitadas, en ocasiones atronadoras y otras más leves, de un sector de la grada de 'La Catedral'. La afición espera más de estos futbolistas de referencia y en cuanto su rendimiento disminuye las críticas se desatan. En la actualidad, Fran Yeste se ha convertido en ese particular centro de los silbidos, como sucedió ante el Getafe el sábado. Su caso, sin embargo, sólo es uno más en la centenaria historia del conjunto bilbaíno.

Ni siquiera la máxima leyenda del Athletic se libró de la reprobación. Corrían los primeros años 20 y la carrera de Rafael Moreno Aranzadi iniciaba su declive. De nada le sirvió al mítico 'Pichichi' haber conquistado cuatro Copas con la zamarra bilbaína. Tampoco la medalla de subcampeón olímpico lograda en Amberes. Todo quedó en segundo plano, como recoge el recientemente fallecido periodista bilbaíno Alberto Bacigalupe en su biografía sobre Belauste, 'El caballero de la furia'.

Sus potentes disparos, sus mágicos e imprevisibles regates y su instinto goleador desembocaron con el paso de los años en un futbolista apático, sin fuelle sobre el terrreno de juego. Y San Mamés no se lo perdonó. En uno de sus últimos partidos en Bilbao, el 2 de enero de 1922, el colegiado le expulsó y una «pita descomunal» despidió a 'Pichichi', una parte de la historia del Athletic. El público, desmemoriado, había olvidado las múltiples tardes de gloria que les brindó su delantero estrella. Se había convertido en objeto de «repudio».

Fue el primero, pero ni mucho menos el último. José Luis López Panizo, nacido un mes y medio después de la muerte de 'Pichichi' en 1922, recogió el testigo. El cuarto máximo goleador de la historia del Athletic, con 126 goles, también padeció los enfados de las gradas de San Mamés. Su magistral habilidad con el balón, su capacidad para el remate, así como su gran olfato para encontrar huecos en el área eran reclamadas con sonoras pitadas por la afición cuando el punta de Sestao dejaba sus cualidades en la caseta.

¿Por qué?

Pero la senda sigue. Más tarde, 'La Catedral' tomó como blanco de sus iras a Koldo Aguirre, Txetxu Rojo, Manu Sarabia, Estanis Argote, Ander Garitano y, en la última época, Asier del Horno -que con sólo 19 años probó la dureza de la hinchada- y Fran Yeste.

La pregunta está clara. ¿Qué lleva a la afición bilbaína a tener un nivel de exigencia tan alto con sus figuras? «Desde siempre, San Mamés ha tenido problemas con los futbolistas técnicos porque tiene la opinión de que son indolentes y que juegan sin ganas, pero no es así», explica Koldo Aguirre, uno de los jugadores que conoció de primera mano los silbidos del estadio bilbaíno.

Más paciencia

Txema Noriega, ex delantero rojiblanco, coincide con la opinión del técnico que llevó al Athletic a la final de la UEFA. Y añade algo más: «Les creen capaces de dar su clase, que es mucha, y su gran calidad en todos los partidos, pero no siempre puede ser así», destaca. «El problema es que San Mamés necesita un jugador de este tipo para criticar cuando las cosas van mal», incide Ander Garitano, ex centrocampista del Athletic.

Por eso, Aguirre reclama «paciencia» al público bilbaíno cuando las cosas salgan mal. «Siempre se le exige más a un jugador técnico que a uno de pelea, que no tendrá problemas», subraya un hombre que, como entrenador, dice que el único consejo que se puede dar a estos futbolistas es que «sigan siendo ellos mismos»: «No merece la pena cambiar la forma de jugar. Y el público tiene que saber que por mucho chillar no lo va a hacer mejor».

Todos coinciden en que estos pitidos no minan la confianza de los protagonistas de estas recriminaciones. «No creo que influya», opina Noriega. «Tiene unas cualidades técnicas y mentales superiores y suficiente personalidad para sobreponerse», ahonda Garitano sobre el caso de Yeste, el último episodio, pero con toda seguridad que no será el último: «La historia se repetirá en cuanto salga otra figura», anticipa Garitano.




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