La economía española aceleró su crecimiento el pasado año hasta el 3,4%, tres décimas más que el anterior. Ese nivel, el más elevado desde 2001, se fundamentó en el sostenido gasto de los hogares y en la pujanza de la inversión, ya que a la fortaleza de la construcción -fruto del 'boom' inmobiliario- se suma la recuperación de la destinada a los bienes de equipo, según un informe difundido ayer por el Banco de España. La entidad vuelve a alertar sobre la debilidad del sector exterior y subraya la continuada pérdida de la competitividad del país, que requiere, a su juicio, una profunda reforma del mercado laboral y de la negociación colectiva. Además, sostiene que el encarecimiento de la vivienda empieza a moderarse y podrá ser absorbido sin traumas, a pesar de que se ha disparado el endeudamiento de las familias.
La actividad conserva su fuerte dinamismo gracias al tirón de la demanda interna, que permite al Producto Interior Bruto (PIB) aumentar más del doble que la media europea. En el último trimestre lo hizo a un ritmo anual del 3,5% -el mismo que el anterior- y un 0,9% respecto al periodo julio-septiembre, lo que supone un repunte de una décima, según las estimaciones del instituto emisor.
En el conjunto del ejercicio, la renta disponible de los ciudadanos se elevó más de un 3% en términos reales por el incremento del empleo, la revalorización del patrimonio tanto financiero como inmobiliario y el bajo precio del dinero.
El Banco de España celebra que el alza de la vivienda tiende a moderarse, aunque todavía supera con holgura el 10% anual. Si la desaceleración se confirma en los próximos meses -apunta-, «podría facilitar una absorción ordenada de la sobrevaloración existente». Es decir, que la 'burbuja' inmobiliaria -expresión que evita utilizar- podría desinflarse suavemente, máxime cuando el precio del dinero acaba de subir y previsiblemente lo seguirá haciendo en los próximos meses. Pese a todo, 2005 se cerró con un aumento adicional de la deuda de las familias, que ya supera el 110% de la renta disponible, un nuevo retroceso en la tasa de ahorro y una ampliación de la carga de intereses pendientes.
A pesar de la recuperación del comercio mundial, las exportaciones españolas conservaron una preocupante debilidad y perdieron cuota de mercado el pasado año, aunque la depreciación del euro les benefició. La institución advierte de que ese deterioro de la capacidad competitiva de las producciones nacionales ya repercute en el mercado interior, hasta el punto de que las importaciones de otros países aumentan a tasas elevadas e incrementan así su penetración en el país.
Al organismo que preside Jaime Caruana le inquieta, en particular, la fortaleza de los pagos por turismo. Los desembolsos de los españoles que viajan a otros países crecieron el pasado ejercicio un 25%. Por todo ello, el déficit por cuenta corriente se ha disparado hasta el 7,5% del PIB, y la economía española necesitó financiación exterior por una cifra próxima al 6,5% de esta magnitud.
La remuneración por asalariado subió un 2,5%, frente al 3,6% de media de los convenios, según el organismo, que atribuye esa moderación a la composición sectorial del empleo y al importante peso de la contratación temporal. Aunque la desaceleración de las retribuciones se trasmitió a los gastos laborales por unidad de producto, los reducidos avances de la productividad hicieron que el diferencial de costes que mantiene España con sus países competidores siga siendo muy amplio, así como el de la inflación.
Por eso, el instituto emisor concluye su informe recomendando, una vez más, que se aborden con un impulso más firme la reforma del mercado de trabajo y de la negociación colectiva.