Seis años le ha durado la tranquilidad industrial a Zalla, que vivió intensamente en la década de los 90 la crisis del sector papelero. Tras una larga y compleja gestión, en 1999 logró afianzarse en el barrio de Aranguren, con el apoyo público, un proyecto integrado por dos empresas -Pastguren y Virtisú (dos plantas)-, que junto a Smurfit y Kimberly-Clark ocupan el denominado 'polígono papelero' y tiene en total casi 500 empleados. La interdependencia de esas dos compañías constituye su flanco débil. Pastguren vende la mitad de su producción de pasta de papel a Virtisú, que en una factoría aledaña elabora el papel que transforma en producto final -'converting'- en su otra fábrica del área.
Por ello, la decisión de Virtisú de trasladar a Barcelona la línea de 'converting' -64 trabajadores- ha encendido las alarmas de las plantillas y de toda la comarca porque existe un riesgo cierto de desaparición del polígono industrial, según advierte el presidente del comité, Luis María Txabarri. Los operarios mantienen desde hace semanas una campaña de protestas en defensa de sus puestos y reclaman la implicación a fondo del Gobierno vasco.
- ¿Qué alega la empresa en defensa de su decisión?
- La defiende como una estrategia logística y se propone ofrecer el traslado a los trabajadores a Barcelona. Pero en realidad lo que está planteando es la extinción de contratos. Así consta en su plan de «Mejora competitiva del papel». El traslado es una argucia para evitar presentar un expediente de cierre, donde la última palabra la tendría la Administración.
Peligro para todas
- ¿Qué riesgos implica la desaparición de la línea de producción?
- Si el proceso de 'converting' se lleva a otro lugar, la fábrica de papel de Virtisú, con 55 trabajadores, corre el mismo peligro a medio plazo -en las conversaciones que hemos tenido con la compañía sólo nos garantizan su permanencia por dos años-, lo que pondrá en riesgo a las otras papelera de Zalla.
- ¿Qué alternativa laboral tienen los trabajadores de este sector?
- En la zona, ninguna. Y tampoco irse a Barcelona es viable. Se trata de parejas jóvenes en su gran mayoría, en las que los dos miembros trabajan, lo que hace inviable el traslado de la familia.
- ¿Han hecho cálculos de las ayudas recibidas por estos proyectos en 1999, cuando surgieron de las cenizas de la quebrada La Papelera Española?
- Estimamos que las subvenciones públicas ascendieron a 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros). Pero lo peor es la opacidad de todo el proceso. En principio se incumplió el compromiso de crear una planta de Bestpapel, con 55 trabajadores, que se quedó en una empresa intermediaria con un solo empleado. Con las ayudas se creó un proyecto integrado único; y si desaparece una las 'patas', a las otras, como Pastguren, les puede suceder lo mismo.
- ¿Qué responsabilidad atribuyen al Gobierno vasco en este conflicto?
- Nos sentimos totalmente engañados. Ni siquiera sabemos los términos en los que se firmaron algunos acuerdos suscritos por la empresa y el Ejecutivo, como la venta de los terrenos. El Gobierno vasco tiene la responsabilidad de que esto salga adelante. Su silencio es inaceptable. El diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, ha salido en nuestro apoyo y el mismo día que lo hizo -28 de diciembre pasado- el Departamento de Industria certificaba que Virtisú había cumplido todas las condiciones pactadas en su día y que por ello podía utilizar los terrenos de Aranguren como garantía para realizar inversiones.
Lo mismo que a Babcock
- ¿Cuáles son, entonces, sus demandas al Gobierno vasco?
- Le pedimos exactamente lo mismo que el viceconsejero de Industria, Iñaki Telletxea, pidió a la Sepi el 8 de noviembre último sobre el conflicto de Babcock: conocer el acuerdo con Virtisú, la ampliación de garantías y las cláusulas de salvaguarda incluidas en la venta de los terrenos. En 2009, Virtisú terminará de pagar los terrenos al Gobierno vasco y no sabemos si éste tiene hasta entonces capacidad para retractarse de la operación.
- ¿Es un proyecto rentable la empresa papelera Virtisú?
- Los promotores amortizaron la inversión en dos años y en 2003 ya tuvieron seis millones de euros de beneficios. Por eso no entendemos las causas de esta decisión, ya que la lógica industrial dice que la planta de 'converting' debe estar donde está la fábrica de papel. De ahí también nuestro temor por ésta a medio plazo.
- ¿Son conscientes los trabajadores de la dificultad de frenar una decisión empresarial de este tipo?
- Estamos seguros de que la empresa, si se lo propone, puede cerrar, y también de que en cualquier momento puede presentar el expediente de rescisión de contratos. De hecho, lo esperábamos para el pasado lunes. Pero en la crisis de La Papelera Española la presión social logró sacar adelante un proyecto viable de una quiebra. Ahora tenemos los mismos apoyos, sólo nos falta el del Gobierno vasco.
- ¿Hasta dónde van llevar las protestas?
- Si las cosas siguen como hasta ahora, el conflicto se va endurecer. Pero por el momento vamos a llevar nuestro problema a los ayuntamientos de la comarca, la Diputación y el Parlamento vasco.