Juan José Ibarretxe está decidido a recobrar el liderazgo político que ha ido mermando tras el revés sufrido en las elecciones autonómicas del pasado 17 de abril, el estancamiento en que se encuentra su plan de libre adhesión a España y el retorno del protagonismo hacia los despachos del PNV en Sabin Etxea. Después de nueve meses en los que han escaseado sus comparecencias, el lehendakari quiso solemnizar ayer la constitución de su consejo político en el palacio de Ajuria Enea, en un acto en el que no explicitó las funciones y los objetivos del nuevo órgano más allá de lo ya anunciado, pero sí dejó claro que su intención no pasa por quedarse «cruzado de brazos». Flanqueado por sus socios de EA y EB, advirtió, primero, al Ejecutivo del PSOE y a ETA que adoptará en septiembre «iniciativas políticas de carácter extraordinario» -no las anticipó- si no se producen avances en el proceso de paz «antes del verano»; y luego rescató su proyecto al renovar su compromiso con el reconocimiento del derecho a decidir y la consulta popular.
Esa doble intención dotó de realce a la presentación protocolaria del consejo, una especie de 'núcleo duro' dentro de su Gabinete con el que pretende coordinar la estrategia de las tres fuerzas del tripartito y recuperar para las instituciones «el liderazgo» en los procesos de paz y de normalización, a los que añadió una tercera pata: «la reconciliación». Ibarretxe se personó ante los medios acompañado por los otros dos integrantes del órgano -los consejeros Joseba Azkarraga y Javier Madrazo- y en una fecha muy señalada. Ayer se cumplía, justamente, el primer aniversario del Pleno en el que el Congreso de los Diputados bloqueó cualquier negociación del plan que lleva su nombre. Aquel 1 de febrero Ibarretxe concentraba sobre su persona todos los focos de la atención política, una preeminencia que ya no goza pero que, según se desprende de sus palabras, se resiste a perder, aunque sí admitió que su labor en una eventual mesa de diálogo será la que «definan» los partidos sentados a la misma.
El jefe del Gobierno se curó en salud al asegurar que el consejo nace con vocación de superar «el corto y medio plazo», remarcó que resulta «absolutamente necesario un liderazgo institucional» y precisó que el tripartito no hará «dejación de su responsabilidad». «¿O es que alguien piensa que no tenemos nada que decir en relación con el proceso de pacificación, de normalización y de reconciliación de la sociedad vasca?», se preguntó en una respuesta implícita a las ácidas críticas cosechadas de la oposición; el consejo, quiso tranquilizar, no pretende usurpar a los partidos, sino «eliminar obstáculos, aportar, favorecer e impulsar» el diálogo entre todos ellos, incluida la ilegalizada Batasuna. Estos objetivos figuraban en la agenda de prioridades que desgranó en su investidura, pero, hasta ahora, Ibarretxe se había mantenido en un segundo plano en la búsqueda del final de la violencia, desde la asunción de que esa vía depende de Zapatero y la izquierda abertzale.
Ayer, sin embargo, anunció su voluntad de tomar «de nuevo» la iniciativa política en septiembre -cuando se celebra el Pleno de política general en la Cámara de Vitoria- si no se desencadenan de aquí a verano «los pasos» que la sociedad está «harta» de esperar: es decir, un cese «definitivo» de la violencia por parte de ETA, una estrategia penitenciaria más flexible por parte del Gobierno del PSOE y la configuración consiguiente de una mesa multipartita que acabe con un acuerdo refrendado por la ciudadanía vasca. El tripartito, ilustró, está dispuesto a «empujar» en ese camino y a aguardar de forma «prudencial» a que se sucedan los acontecimientos, pero no «eternamente». Ibarretxe no aclaró qué tiene en mente, si piensa reconsiderar el foro de diálogo con Batasuna o si volverá abanderar como tal su proyecto. Y ante la pregunta de un periodista sobre por qué demora su actuación hasta el próximo curso, recalcó con cierta displicencia que los tiempos los marca el consejo y no la Prensa.
En el EBB del lunes
Su discurso, que vino a reconocer implícitamente su pérdida de influencia, conecta con la preocupación expresada por otros dirigentes nacionalistas, como Íñigo Urkullu, sobre el estancamiento del hipotético proceso de paz en un año que se presumía decisivo, aunque la música de lo dicho por Ibarretxe y la de los posicionamientos de la actual dirección del PNV no parecen sonar en la misma onda; los jeltzales, artífices de los acuerdos que han recompuesto las alianzas presupuestarias con el PSE y el PSOE, han endurecido sus exigencias a la organización terrorista mientras perseveran en sus contactos con los socialistas y la izquierda abertzale. En cualquier caso, el partido estaba al corriente de las intenciones de Ibarretxe, que participó en el EBB del lunes.
El lehendakari volvió a rescatar ayer las bases de su plan, que el PNV ha asumido en su documento de paz pero comprometiéndose a buscar un acuerdo plural con un aval superior al del Estatuto. Mirando a sus dos consejeros, Ibarretxe lanzó un aviso a navegantes: dijo que al camino iniciado en 2001 hacia la reforma del autogobierno «no tiene vuelta atrás», prometió que su Ejecutivo «terminará ese trabajo» e incidió en que «el corazón» del mismo es el reconocimiento del derecho a decidir y la convocatoria de una consulta. «Vamos a cumplir nuestra palabra, hasta el final», enfatizó. «Que nadie se engañe».