El Correo Digital
Viernes, 3 de febrero de 2006
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OPINIÓN
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Caricaturas
Les parece normal el escándalo que se ha montado por esas caricaturas de Mahoma en un periódico de Dinamarca? Los dibujos, supuestamente humorísticos, fueron publicados hace ya unos meses. Representaban la efigie de Mahoma con un turbante en forma de bomba. De acuerdo, era algo demasiado burdo y sin pizca de gracia. Pero la respuesta ha sido desproporcionada. Se ha provocado una crisis diplomática de envergadura. Se han recibido amenazas y un falso aviso de bomba en la sede del periódico. Egipto ha lanzado peticiones de boicoteo a los productos daneses. Arabia Saudí y Libia han cerrado sus embajadas en Copenhague. Ahora resulta que hasta veinte países árabes exigen que el Gobierno danés pida disculpas por lo que denominan 'ultrajes al Islam'. Y quieren que se castigue duramente a los autores de las viñetas y al redactor jefe. ¿Qué? ¿Por unas caricaturas en una tira cómica? ¿No es algo desorbitado? Ignoro en qué fase se encuentra el asunto en estos momentos. Si ya se ha desactivado o todavía colea. Pero no creo que carezca de importancia. Todo lo contrario. Es un grave ejemplo que sirve para ilustrar una vez más cómo una perfecta idiotez, el detalle más insignificante y torpe (precisamente ése que en circunstancias normales debería ser ignorado y olvidado en el acto, como debe hacerse con las estupideces), puede ser manipulado, inflado y convertido en símbolo de toda suerte de ofensas y de agravios con objeto de excitar a la población y desencadenar conflictos que no se sabe hasta dónde pueden llegar. «La libertad de expresión no es negociable», ha declarado Flemmig Rose, redactor jefe del 'Jyllands-Posten', el periódico que publicó los dibujos. Pero esa respuesta no parece satisfacer a los países árabes, donde al parecer no se concede demasiada importancia a ese pequeño asunto de la libertad de expresión. Curiosamente, el cardenal Julián Herranz declaraba estos días, en su reciente visita a España, que el laicismo es un retroceso de la civilización. Miren, no sé qué querrá decir con eso, y tampoco quiero ponerme a darle demasiadas vueltas. Pero no creo que los líderes religiosos deban tomar partido en el debate político y andar lamentándose constantemente por la aconfesionalidad del Estado. Es comprensible que no les guste la aconfesionalidad del Estado. Como es comprensible que detesten algunos de los avances de la sociedad civil que no coinciden con sus creencias. En fin, en lo que a las creencias se refiere, lo único que yo me atrevería a pedir es que cada cual fuera consecuente con las suyas. Sin avasallar, claro. Pero no me parece bien que se hable de retroceso de la civilización, porque eso suena, cuando menos, ambiguo y retrógrado.



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