Kate Beckinsale (Londres, 1973) se ha puesto de nuevo en manos de su marido, el director norteamericano Len Wiseman, para protagonizar la secuela de 'Underworld'. La bella actriz británica, que conoció a su esposo rodando la primera parte de esta película de vampiros y hombres lobo, decidió un buen día abandonar sus estudios de literatura rusa y francesa en Oxford y la Sorbona para dedicarse a la interpretación. Tras debutar con 'Mucho ruido y pocas nueces', ha participado en 'La tabla de Flandes', 'Pearl Harbor', 'Van Helsing' y 'El aviador'.
-¿Qué tal fue el rodaje?
-Fantástico. Con la primera no me divertí tanto, pero en esta era amiga de todo el equipo y además estaba casada con el director.
-Dicen que su marido es bastante autoritario detrás de la cámara.
-Es cierto. La primera vez que rodé a sus órdenes estaba aterrorizada, pero esta vez yo era la que mandaba, ja, ja.
-¿Se entrenó para el papel?
-Con la primera sólo hice ballet y lo pasé muy mal, así que decidí tomármelo más en serio. Me tuvieron que enseñar a correr y a sujetar una pistola.
-¿Embutirse en un traje de cuero tiene su truco?
-El problema fue que no debería haberme puesto el mismo traje que en la primera parte, porque hay ciertas partes de mi cuerpo que no se han mantenido tan bien como me hubiera gustado. Sólo espero que cuando cumpla 43 años no me hagan ponérmelo por tercera vez, porque mi trasero no va a ser el mismo.
-En la película tiene una escena de sexo con Scott Speedman, su ex marido y padre de su hija en la vida real. ¿Y delante de la cámara de su actual marido! ¿No es demasiado morboso?
-Len es un director muy preciso y sabe dónde quiere que se coloque cada actor. Para todos fue un momento difícil esa escena, pero estaba bien coreografiada y supimos ser lo suficientemente profesionales como para salir ilesos emocionalmente. Sé que Scott estaba viviendo un infierno en ese momento. Yo me encontré bien, no tenía que preocuparme si mi pene estaba en el sitio correcto, como le sucedió a Scott, sobre todo teniendo a mi marido grabándolo todo.
Todas las neurosis
-¿Es verdad que hizo un 'strip-tease' para su marido durante el rodaje?
-Sí, es cierto. No suelo hacer muchas bromas, pero alguien me sugirió mandarle una cinta con un 'strip-tease' y me pareció una gran idea.
-¿Se le ha subido el éxito a la cabeza?
-Rodar películas no me hace sentirme una celebridad. Mi vida continúa como siempre. Pensar en la fama me pone incómoda: los estrenos, los programas de televisión No me gusta esa presión. Sufro cuando me presento en público y creo que jamás seré capaz de presentar un premio. Trato de ser crítica conmigo misma en mi trabajo, y en mi vida personal disfruto al máximo cada instante de privacidad. No voy a fiestas, no voy a bares, no salgo a estrenos.
-¿Sigue un estricto régimen de belleza?
-Debería cuidarme más, ser más estricta a la hora de quitarme el maquillaje por la noche, con las depilaciones semanales y con las citas mensuales del spa. Quizás antes de tener a mi hija era más estricta, porque mi baño estaba lleno de cremas. Ahora me lavo la cara con jabón y corro a seguir con las obligaciones diarias.
-¿Qué siente al verse en pantalla?
-Odio verme a mí misma, supongo que es lo mismo que sienten muchas personas cuando oyen su voz en el contestador. Veo mis películas sólo una vez.
-¿Tiene alguna manía al comenzar un rodaje?
-No. Tengo un estilo de trabajo muy estricto, me gusta estudiar el personaje, meterme en su piel. Es lo que me gusta de este trabajo: que no hay un estilo a seguir, no hay monotonía.
-¿Quiere decir que no es una mujer neurótica?
-Tengo todas las neurosis posibles, pero no tengo que cruzar los dedos antes de empezar una película.