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Viernes, 3 de febrero de 2006
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CULTURA
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Gutiérrez Aragón ensaya un melodrama retro
'Una rosa de Francia' sitúa en la Cuba de los años 50 un triángulo pasional con carga metafórica
Gutiérrez Aragón ensaya un melodrama retro
CONTRABANDISTA. Perugorría, al mando de su barco.
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'UNA ROSA DE FRANCIA'
Nacionalidad: España/Cuba, 2005. Director: Manuel Gutiérrez Aragón.

Intérpretes: Jorge Perugorría, Álex González, Broselianda Hernández, Ana Celia de Armas.

Página web: www.altafilms.com

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Manuel Gutiérrez Aragón ya se concilió con sus orígenes cubanos en 'Cosas que dejé en La Habana'. Con 'Una rosa de Francia' se permite el lujazo de rodar un melodrama «de amor y aventuras» en la Cuba de los años 50. El guión está escrito expresamente para Jorge Perugorría, un seductor canalla que transporta emigrantes clandestinos a los que promete Nueva York y abandona a su suerte en un solitario cayo. Una prostituta adolescente hará que el protagonista pierda el juicio y se enfrente por ella a su joven protegido.

'Una rosa de Francia' desconcierta a priori al provenir del autor de 'Feroz' y 'Demonios en el jardin'. Parece un melodrama retro, pero posee la fuerza metafórica habitual del director cántabro: aparece un villano carismático, cubanos que quieren huir de la isla, prostitución ; no hay que leer entre líneas para establecer paralelismos con el presente. El veterano director de fotografía Alfredo Mayo consigue recrear el ambiente ensoñador de la isla al inicio del Gobierno de Batista: las cafeterías de imitación estadounidense, las fiestas a la luz de la luna caribeña, el prostíbulo donde las chicas se acicalan en bidés dispuestos en círculo (una secuencia que firmaría encantado el Louis Malle de 'La pequeña').

Armas de seducción

El envoltorio no flaquea, lo hace el triángulo pasional que no desprende emoción sino aroma a cliché. El joven actor español Álex González (sí, el novio de Chenoa) se limita a lucir su tórax de gimnasio. Carece de recursos actorales para plantarle cara al curtido Perugorría. El descubrimiento del filme se llama Ana Celia de Armas, una sensual y talentosa estudiante cubana de dieciséis años cuyo fascinante rostro adora la cámara.

'Una rosa de Francia' arranca con un rótulo nada gratuito: «Érase una vez en Cuba ». Gutiérrez Aragón pretende narrar un cuento atemporal y alternar la condición de víctima y verdugos de sus protagonistas. ¿Quién es peor, quien carece de escrúpulos pero siente amor o el que se aprovecha de sus armas de seducción para conseguir sus objetivos? El director cántabro maneja conceptos afines al melodrama de siempre: amor, traición, amistad viril, pasión sexual Que su rosa huela un pelín a alcanfor no desmerece una cinta a contracorriente, que no se apunta a las modas temáticas imperantes en el último cine español.




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