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Viernes, 3 de febrero de 2006
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CULTURA
ANDRÉS NAGEL, ARTISTA
«Me retiro, lo dejo, porque necesito cambiar de aires»
El creador donostiarra, que ayer presentó sus últimas obras en la sala Kubo, anuncia que abandona el arte
«Me retiro, lo dejo, porque necesito cambiar de aires»
CANSADO. Nagel, ayer en la presentación de su exposición. / USOZ
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El artista Andrés Nagel es para algunos un autor «poliédrico», «particular», «fascinante» y con una obra «transgresora», aunque él huye de cualquier calificativo, porque «el arte es lo más personal y no me gusta que me clasifiquen». Ayer, por sorpresa, anunció que se retiraba. «Me jubilo, dejo de trabajar en esto, lo digo absolutamente en serio, estoy cansado y necesito un cambio de aires», aseguró el creador donostiarra, que cuenta con un largo reconocimiento internacional y que ayer presentó en la capital guipuzcoana, en la sala Kubo de la Kutxa, en el Kursaal, una amplia exposición dedicada a su obra más reciente.

-¿Se retira para siempre?

-Hombre, para siempre es la muerte. No quiero entrar mucho en esto, pero sí, voy a dejarlo, tengo alguna exposición pendiente que haré y luego lo dejaré, una temporada por lo menos. No tengo ni idea de si voy a volver. Necesito cambiar de aires, de cabezas y de cosas de ésas. No es que me haya aburrido, pero quiero cambiar de tema, de ambiente, de aires.

-¿Qué tiene pensado hacer?

-Tendré que vivir de algo. Ayer me hablaron de montar exposiciones, pues igual, ja, ja. Pues mira si me ofrecen, igual me iba a montar exposiciones>.

-¿Está dolido con los últimos sucesos que ha padecido, la comercialización de sus diseños modificados por Porcelanas Bidasoa y el traslado de una obra suya en Amorebieta?

-No quiero entrar mucho en este tema. Hablemos de la exposición.

-¿Incluye cambios y aportaciones nuevas?

-Espero que sí, que haya una evolución. Te choca cuando hablas con gente que espera que enseñes lo que ya ha visto, porque a mí una cosa deja de interesarme en el momento que la estoy haciendo.

No llegar o pasarse

-¿Y cuándo da por finalizada una obra?

-Esa es la pregunta clave, que la que nadie te hace porque no se enteran. Si paras antes, no llegas, y si lo haces después, te has pasado. Y cuando te has pasado se nota que no veas. Cualquier pintor se da cuenta a la primera. Normalmente, como trabajo con una idea, antes de empezar tengo la pieza resuelta en la cabeza, y cuando bajas al estudio ya es como un trabajo 'mecánico'.

-¿Es su oficio uno de los más solitarios?

-Absolutamente, y yo creo que toda la gente seria de mi oficio está de acuerdo con eso. No se puede hacer como los políticos, que cuando hacen algo no piensan si es bueno, malo o práctico para la ciudad, sino qué efecto tiene. Tu tienes que trabajar según tu criterio, a riesgo de meter la pata.

-¿Y el arte es necesario sólo para el artista o también para la gente?

-Para el artista es una especie de paranoia que se tiene que quitar de encima. Es una enfermedad mental, de alguna forma. Usted sabe que a la gente el arte se la suda. Aquí han puesto un Guggenheim y luego a 20 kilómetros están quitando una escultura por una pelea.

Un traje rosa

-¿Es crítico con los proyectos museísticos institucionales actuales?

-A mí me preocupa muchísimo el intervencionismo y el dirigismo de las instituciones dentro del mundo del arte, la cultura y de todo este medio. Es muy, muy preocupante. Está creando unos ambientes de artistas domesticados. Hace poco estuve en una reunión de derechos de autor en Vitoria en la que se hablaba de que toda ocurrencia del artista pasaba a ser patrimonio universal. Todo el mundo piensa que el artista es Tàpies, pero el que no lo es necesita vivir.

-¿Todos?

-La gente que plantea estas cosas suele llevar salas con dinero público, que encarga exposiciones a ciertos artistas domesticados, a los que paga por exponer y mantiene con la boca callada. Para las instituciones es muy cómodo tener unos artistas pagados y luego amaestrados.Y el artista tiene que ser un ente independiente, analítico con la sociedad que le rodea.

-Pero si las instituciones son casi las únicas que compran arte, el artista está un poco vendido.

-Absolutamente, porque son las que compran arte y luego ofrecen un acceso al gran público de tu trabajo. La gente piensa que en los museos se expone por calidad, cuando lo que ocurre es detrás hay unos intereses económicos tremendos.

-¿Las instituciones apoyan todo el arte por falta de criterio para elegir?

-Los políticos normalmente no tienen ni idea. Tampoco tienen por qué tenerla. El buen político tiene que saber rodearse de gente que solucione sus problemas. El mundo del arte es un mundo en el que al final acaba el que no tiene oficio, porque parece ser que poniéndote un traje rosa con lazos abajo ya cumples. Lo que hagas o digas no tiene importancia.

-¿Qué aspira a producir en el público que ve sus obras?

-Yo me quedo satisfecho si creo que mi trabajo está hecho según mi forma de pensar. Y ahí acaba mi labor. Del arte se habla como una cosa ajena a la vida de las personas. Y no, porque el arte es una cosa de consumo. A medida que tú entras más en un mundo sofisticado, por llamarlo de alguna forma, el disfrute es mucho mayor. Ahí está tu intensidad de trato con el mundo del arte. Cada uno debe hacerlo con su capacidad intelectual y sus preocupaciones. Yo me despreocupo porque el arte es lo más personal que tiene uno

-Por eso no le gusta que le clasifiquen y pongan categorías.

-Eso es la simpleza de este mundo, en el que estamos en manos de una gente con una simpleza y banalidad .




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