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Viernes, 3 de febrero de 2006
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David contra Goliath
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El marido de Gurutze Irizar abrió legaciones diplomáticas de la República Saharaui en Escandinavia, Irán e India, pero murió hace un año sin que el sueño de independencia se hiciera realidad. Su viuda prosigue con esa esperanza que no derrumba la intolerancia marroquí ni el silencio de la comunidad internacional. «Fue una ocupación violenta, repudiada por el derecho internacional y, sin embargo, el mundo sigue mirando hacia otro lado».

También lamenta que, a lo largo de tres décadas, ninguna organización de derechos humanos haya entrado en el Sahara ocupado ni haya denunciado la situación Los desaparecidos o las familias separadas por el exilio son algunos de los dramas humanitarios que también siguen sin resolverse.

El rey Mohammed VI, critica Gurutze, es uno de los hombres más ricos del mundo y cuenta con poderosos aliados, desde Estados Unidos a Francia o las monarquías del Golfo Pérsico. Pero, como en la lucha de David contra Goliath, el soberano se enfrenta también a serios riesgos para la estabilidad del reino. «Nos quieren vender que la liberación puede propiciar la revolución islámica, pero la necesidad de su pueblo, que prefiere ahogarse en el Estrecho antes que permanecer en la miseria, acabará por hundirlo».

Tampoco el Gobierno español y su política exterior escapan a sus recriminaciones. «Existe una responsabilidad moral e histórica que no es patrimonio de ningún partido». El modelo que sustenta el optimismo de Irizar se encuentra en el otro extremo del globo, en Timor Este, un diminuto territorio que fue capaz de sacudirse pacíficamente la ocupación del gigante indonesio. «¿Por qué no puede ocurrir también en el Sahara?», se pregunta.




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