Después de estudiar «diferentes fórmulas» y hacer un «esfuerzo especial» para llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Bilbao, la Federación de Comparsas de la capital vizcaína ha planteado unos actos que evitan la «contraprogramación» que «dividió a la población» durante los Carnavales del año pasado. «La gente tuvo que elegir y se perdió algunas actividades. Esta vez tendrán la oportunidad de tomar parte en todas», enfatizó ayer Igor Moreno, portavoz de la agrupación.
De esta forma, el tradicional desfile del próximo 25 de febrero se «fusionará» con el denominado 'Aratustódromo' que organiza el Consistorio bilbaíno y que este año abandonará su antiguo lugar en la Gran Vía para instalarse en el Arenal.
Sin embargo, los comparseros explicaron que el Ayuntamiento se niega a participar en el desfile, por lo que la agrupación bilbaína ha tenido que asumir la responsabilidad de organizarlo en solitario. A este respecto, Moreno señaló que intentarán acercar posturas con la corporación municipal para «diseñar conjuntamente» la tradicional marcha aunque «no estén a gusto con un evento lleno de libertad».
Sin censura
Los comparseros señalaron que la comisión de fiestas facilitará los detalles del programa próximamente, pero dejaron claro su deseo de que el desfile discurra por la Gran Vía bilbaína. Aunque apuntaron que el Ayuntamiento se lo ha impedido alegando «problemas técnicos y de tráfico», la federación considera que existen razones «escondidas» porque son el único grupo al que no se le deja utilizar esta calle para sus actividades.
Como alternativa, el Consistorio les ha propuesto que repitan el recorrido del año pasado por la calle Hurtado de Amezaga. «Queremos que muestren una posición clara y directa ante el desfile. El Consistorio no da los pasos necesarios para que se realice una marcha normalizada, donde la libertad de expresión, la crítica política y la fiesta se puedan dar sin ningún tipo de censura», sentenció Moreno.
Por si el permiso no llegara, los comparseros han contemplado otras opciones, como desfilar en metro o en coche desde Moyua hasta Abando, cambiar el nombre de alguna calle para convertirla en una nueva Gran Vía o disfrazarse de trabajadores de la construcción para poder cruzar la zona de obras.