A mediodía del 23 de octubre de 1980, poco después del recreo, una explosión en el colegio Marcelino Ugalde de Ortuella acabó con las vidas de 49 niños y tres adultos, causó heridas a muchos otros y marcó al pueblo entero, que nunca ha podido sacudirse el recuerdo de aquel horror. Un juzgado ha reconocido ahora, al cabo de un cuarto de siglo, las secuelas imborrables que dejó el desastre en una de las personas que lo vivieron, una trabajadora municipal que sufrió estrés postraumático por lo ocurrido en la escuela. La sentencia, a la que ha tenido acceso Efe, le concede la incapacidad absoluta por accidente laboral, ya que padece el llamado 'síndrome del quemado' o 'burn out'.
El origen de su trastorno, según recoge el juez, está en el suceso de la zona minera, que la mujer «vivió en el lugar de los hechos». Como empleada municipal, le correspondió asumir el «seguimiento jurídico del caso», lo que le provocó «un elevado estrés de carácter postraumático que le originó una reexperimentación sistemática de los angustiosos y macabros recuerdos». La dura circunstancia se manifestó incluso en padecimientos físicos como visión doble, alopecia y ausencia de menstruación.
Pese a recibir tratamiento psicoanalítico durante cinco años, nunca volvió a ser la misma: «Su personalidad derivó en la de una mujer extremadamente obsesiva y exigente con el cumplimiento de la ley y de la seguridad», describe la sentencia. En su siguiente empleo, como secretaria municipal en Arrigorriaga, estas tendencias perfeccionistas toparon con «un clima de elevada crispación política que interfería en su deseo de aplicar la normativa».
Cansancio y fobia
Según el juez, a lo largo de todos estos años, la trabajadora ha ido desarrollando «una intensidad laboral extrema, asumiendo responsabilidades por encima de las que le correspondían y con un celo profesional difícil de describir, en un clima de soledad y desconfianza, sin recibir ninguna satisfacción ni reconocimiento personal y sintiéndose continuamente examinada por las diferentes corporaciones». Todo ello le ha provocado un «trastorno adaptativo mixto con ansiedad y estado de ánimo depresivo», que se ve acompañado de cansancio, falta de autoestima y fobia hacia el entorno laboral.
La mujer, de hecho, está diagnosticada del 'síndrome del quemado' y tiene «un historial psiquiátrico con un cuadro de depresión mayor reactiva a problemas laborales». En vista de este cuadro patológico «debidamente acreditado, el tribunal le reconoce la incapacidad absoluta por accidente de trabajo.