DE CUANDO EN CUANDO OLMO Hay precios que considerados globalmente asustan un poco a la clientela y para evitar esta impresión, los vendedores que tienen gran vista comercial utilizan el sistema del fraccionamiento. Es una táctica parecida a la de esos precios que yo llamo inflagaitas porque rebajan sin rebajar y me explico.
¿Que un producto hay que venderlo a cincuenta euros y esa cifra puede producir una impresión negativa en la mente del comprador? Pues recurren al truco de rebajar cinco céntimos y desaparece el número cincuenta que queda convertido en 49,95. A mí se me antoja una táctica inflagaitas, pero parece dar resultados porque no consigo ver un número redondo por ningún sitio. Pero volvamos al tema de los miniprecios.
Ese sistema se utiliza sobre todo para el jamón. Cuando se ofrece el precio del jamón (sobre todo en el caso del mas caro) jamás se dice que vale 50 euros el kilo (por ejemplo), porque esa cifra puede desanimar al cliente o la clienta y hacerle que compre salchichón, que es mas barato. En cambio, si le dicen que se vende a cinco euros los cien gramos, la mente de la clientela no reacciona en contra porque cinco euros no asustan a las neuronas. Y se anima.
Este método no deja de resultar práctico y eso han debido pensar también los vendedores de coches que al final se han decidido a utilizar el mismo sistema que los vendedores de jamón de jabugo. Claro que un coche no puede venderse de cien en cien gramos, pero siempre existe una fórmula que puede aplicarse a la venta de automóviles para equipararla a la venta de jamón.
Esa formula la podrán ver en los anuncios de la televisión, que como ustedes saben son unos programas que se ofrecen a todas horas y en los que se intercalan trozos de películas para que no resulten demasiado monótonos. Y si ven ustedes la televisión habrán observado el nuevo truco que han inventado los vendedores de coches ofreciendo su mercancía en cómodas cuotas.
Por ejemplo, he anotado el dato de un coche que se paga en 96 cuotas de 125 euros cada una. El mismo sistema que el empleado con el jamón de jabugo, sin más que sustituir los cien gramos por cien cuotas y el jamón por un automóvil. Hay que agudizar el ingenio, oiga.