Este TAU Cerámica cambia de careta según el escenario que pise. En el Fernando Buesa Arena, amparado en el calor del baskonismo, acostumbra a salvar cada comparecencia con más o menos solvencia. En los últimos tiempos, incluso con enorme comodidad. Sin embargo, esa placidez torna en terremoto cuando abandona sus dominios. Tras la caída del pasado domingo en el pabellón Fontajau de Girona (87-83), la escuadra azulgrana encadena ya tres tropiezos en sus últimos desplazamientos.
Y es que este Baskonia ha evidencia graves carencias en condiciones hostiles. Ese carácter que tantos titulares le granjeó en los últimos cursos parece haberse volatilizado. Con el preocupante añadido de que el primer título de la temporada -que acarreará el consiguiente reparto de puntos para el próximo trienio de la Euroliga- está a la vuelta de la esquina. Peligro.
Todos los déficits actuales del equipo han salido a relucir en las decepciones ante Llanera Menorca, Lagun Aro y -el último domingo- Akasvayu Girona. Su inconsistencia en esos foros da mala espina. Sobre todo, debido a las dudas que ha levantado su baloncesto. Porque el TAU 2005-06 desprende la sensación de que puede ganar a muchos rivales, pero también de que puede ceder ante cualquiera.
En su descargo, cabe recordar que esa terna frente a la que acaba de doblar la rodilla se asemeja en que ha contado con un ruidoso apoyo y en que ha dispuesto de una semana entera para desmenuzar cada rasgo baskonista. Pero también es cierto que el inquilino del Buesa Arena -como ya le ocurriera hace varias semanas en Bolonia o en Estrasburgo- se ha descompuesto con demasiada facilidad cuando ha topado con dificultades.
Demasiado frágil
Estos traspiés han avisado de que el edificio todavía es frágil. Más aún si falla alguna de las vigas principales. Léase Prigioni, Erdogan, Scola o Splitter. El banquillo, a excepción del bravo pívot de Joinville, apenas ha aportado soluciones cuando han venido mal dadas. El propio Velimir Perasovic cargó en la sala de prensa de Girona contra sus suplentes. El progresivo endurecimiento de su discurso es otro mal síntoma.
Mención especial en este apartado de decepciones a Drobnjak, uno de los fichajes estrella de la ACB el pasado verano. Poseedor de una ficha descomunal y un palmarés de Primera, su propósito de arribar a la Copa en plenitud de facultades se antoja imposible a día de hoy. Es el cuarto pívot en las rotaciones por méritos propios.
Pero quizá el mayor problema se localice en la posición de director de juego. En estos momentos, Prigioni resulta insustituible. Por su conexión con el resto de sus compañeros, especialmente con Scola. Y por el decepcionante rendimiento del bisoño Ukic. Cuando el titular yerra o precisa de un descanso, el Baskonia se obtura.
De estrella a ayudante
Nadie duda de la iniciativa o la calidad en el uno contra uno del croata, estrella en Split y complemento en Vitoria. Sólo que sigue sin acertar a dirigir, la obligación de cualquier base. Lo saben los rivales y ya no es noticia que muchos focalicen sus esfuerzos en desconectar a Prigioni.
La falta de contundencia en el rebote -otra batalla perdida últimamente-, la flojera generalizada en las tareas de contención o el escaso rédito de las defensas zonales experimentadas por Perasovic se unen al capítulo de problemas por resolver. Con el agravante de que la Copa está al caer.