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Martes, 7 de febrero de 2006
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ECONOMÍA
ANÁLISIS
¿Y...?
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El Servicio de Defensa de la Competencia está investigando desde el pasado mes de julio la actuación comercial de las cajas vascas. La acusación tiene una sólida justificación formal. Es evidente que las cajas vascas no se hacen la competencia en sus respectivos territorios de influencia y también lo es que tan incontestable hecho no puede responder a un olvido, ni ser fruto de un descuido estratégico. Las cajas compiten aquí con bancos y con cajas de otras comunidades, y lo hacen entre sí fuera del País Vasco y de Navarra, pero les falta enfrentarse aquí y entre ellas. Correcto, pero, aparte de las posibles irregularidades formales, ¿qué mal se deriva de ello para la competencia?, ¿qué perjuicio les causa tal actitud a los consumidores de productos de ahorro e inversión?

Me atrevería a decir que ninguno. El nivel de competencia del sector financiero es elevadísimo. Basta darse una vuelta por la Gran Vía de Bilbao, la Avenida de San Sebastián o la calle Dato de Vitoria para comprobar lo extraordinariamente bien surtidas que están de bancos y cajas de ahorros. Si, además de en las entidades, nos fijamos en los productos veremos, que no nos falta ninguno. Y si lo hacemos en los precios, podremos observar que no son más elevados que en otros lugares. Así que, con independencia de la calificación de la conducta seguida, lo que queda claro es que ésta no perjudica a nadie, ni causa ningún trastorno al sistema.

El Servicio de Defensa de la Competencia tiene otros problemas más graves de los que ocuparse. Por ejemplo, podría concentrase en recuperar algunos gramos de credibilidad de entre las miles de toneladas perdidas por los órganos reguladores con ocasión de la OPA de Gas Natural sobre Endesa.

No se preocupen por dónde abren oficinas las cajas vascas, que nadie se ha quejado de ello.



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