Centenares de familiares de las víctimas del ferry egipcio que el viernes se hundió en el mar Rojo asaltaron ayer las oficinas en Safaga de la compañía naviera. La tensión crece en la ciudad, donde una multitud sigue a la espera de que las autoridades informen sobre la suerte que han corrido los cerca de un millar de náufragos desaparecidos.
La Policía antidisturbios egipcia utilizó gases lacrimógenos para disolver a los manifestantes, pero no pudo impedir que decenas de ellos causaran cuantiosos destrozos en la sede de la compañía y destruyeran los símbolos de la empresa propietaria del navío.
En el asalto las dependencias quedaron desvalijadas y con todos los objetos de su interior incendiados o desparramados por la calle. Cuando los familiares fueron alejados de la zona, se dispersaron por la ciudad y prendieron fuego a neumáticos en las principales calles, al tiempo que denunciaban que las autoridades protegen al armador y no a las víctimas. La prensa ha revelado que en los últimos diez años se han hundido otros dos ferries de la misma compañía sin que el Gobierno haya adoptado ninguna medida.
La mayoría de las víctimas eran obreros que trabajaban en Arabia Saudí y que volvían a sus casas de vacaciones o tras haber finalizado sus contratos. Otro grupo importante de víctimas eran peregrinos que regresaban de La Meca.
Sin lista de viajeros
La ira de los familiares se fundamenta en que cuatro días después del naufragio la naviera todavía no ha facilitado la lista oficial de pasajeros y muchas personas concentradas en Safaga desde el viernes siguen sin saber si sus familiares estaban o no abordo del 'Al-Salaam Boccaccio 98' cuando la embarcación, construida hace 35 años, se hundió. Los últimos datos, aunque no oficiales, indican que alrededor de cuatrocientos pasajeros han sobrevivido. El número exacto de viajeros que iba en el transbordador se desconoce, aunque diversas fuentes estiman que era superior a los 1.400.