Los funcionarios de la Administración tienen la costumbre de dirigirse al ciudadano mediante escritos tipo 'requerimiento-amenaza', que hacen al destinatario sentirse culpable de los peores delitos. Su contenido y tono 'malencarado', que precisa de varias lecturas para ser comprendido por atragantársenos ya desde la primera línea, viene amparado por una sensación de superioridad propia del funcionario que lo redacta. Ante este modo de proceder, los ciudadanos que han fallado en algo a la sociedad se ven obligados a cumplir con sus obligaciones, siendo humillados de forma innecesaria. En algunos países a los funcionarios se les denomina 'servidores civiles'. Su labor es entendida como un servicio al ciudadano. Algo en apariencia tan obvio deja de serlo cuando se incumple dicho servicio (de una forma flagrante por ejemplo en el caso del tristísimo atropello mortal de Basurto) y el administrador se 'olvida' o pretende desconocer que la razón de ser de su puesto de trabajo es servir. Sin embargo, el funcionario que ha fallado en su servicio a la sociedad no se ve obligado en esta ocasión a asumir las consecuencias de su modo de proceder, siendo a la postre los ciudadanos quienes volvemos a agachar la cabeza, injustamente humillados.