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Miércoles, 8 de febrero de 2006
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CULTURA
A PROPÓSITO
De museos
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La museomanía nos invade. Ya hay museos de casi todo, de la industria, del caserío, del mar, de la pesca, del deporte, de la escuela, del hierro, del tren, del automóvil, del circo, de la cerveza, del queso, del vino, de la guerra, del pop, del rock, de la radio, del nacionalismo, de la minería, de la Semana Santa, de la fotografía, de la etnografía, del chocolate, del turrón... De un tiempo aquí, instituciones y particulares se han lanzado a una carrera frenética por reunir y recoger viejos artilugios periclitados, juguetes-máquina, aparatos en desuso, desechos sentimentales de la modernidad acabada y productos periclitados del recién acabado siglo XX. Aquí estuvo Altos Hornos, así se hacía el pan, esto era una máquina vapor, así vestían nuestros bisabuelos...

Montañas, litorales, minas agotadas, industrias desafectas, antiguos asentamientos proletarios rivalizan por reconvertirse en monumentos históricos. Poco a poco las diferencias entre el hábitat contemporáneo y los sectores arqueológicos se difuminan en una incesante reconversión de muestrarios recopilatorios. La museomanía se acrecienta con especial ahínco en esta época del zapping y la fragmentación, en la sociedad líquida y sin memoria como una necesidad de afirmación de lo minúsculo, de lo pobre -museo de la Alpargata- frente a lo opulento -museo Guggenheim-, de lo particular frente a lo global, en una exhibición discretamente fúnebre de las cosas y quehaceres de este mundo que van expirando cada día a mayor velocidad.

Recintos acotados y destinados a exhibir lo que alguna vez fue rechazado, olvidado y sobrepasado, lo que nos ha angustiado, disgustado y hastiado hasta convertirlo en objeto de recuerdo. Empeños museísticos se levantan para agitar conciencias y no olvidar errores y horrores de otro tiempo a fin de no repetirlos y también con la misión de rememorar y enaltecer lo que fue ayer bello y grandiosamente humano. Museos de nuestros pasos por la tierra. Y sin embargo la madre Tierra, la naturaleza, lo mejor que hemos tenido y tenemos, se va quedando sin espacios donde mostrarnos su esplendor, la inmensidad y diversidad de sus tesoros que no pueden conservarse entre muros de cemento.




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