Inevitable secuela de la exitosa 'Underworld', utilizando similar estética gótica a la hora de describir el milenario combate entre vampiros y hombres-lobo, que se remonta a miles de años de antigüedad. Las mismas puertas del inframundo son atravesadas en 'Underworld: Evolution' por Selene, Marcus, Amelia y los demás, dispuestos a conducir a los espectadores a un universo repleto de morbosas presencias, por el que surgen de forma imprevista aterradores seres híbridos dotados de poderes ilimitados; entes furiosos incapaces de retomar la forma humana, y clanes rivales enfrentados en bestiales duelos a muerte.
Filmado todo ello con una aparatosa estética tenebrista, en la que inevitablemente afloran retazos sanguinolentos, con tendencia a mostrar un universo negro como boca de lobo. Y nunca mejor dicho, para un producto rabiosamente comercial, trepidante y entretenido, dotado de un ritmo enérgico y directo, potenciado además por los sofisticados efectos especiales digitalizados.
Hasta tal punto, que en el momento culminante del tinglado, un helicóptero derribado se convierte en improvisado molinillo triturador. Crueles masacres, pues, entre víctimas y verdugos, que derivan hacia un desenlace donde los atribulados personajes miran hacia la luz de una nueva esperanza. O sea, hacia una nueva entrega sobre vampiros y licántropos dispuestos a hacerse picadillo mutuamente. Es la ley del talión, el inmisericorde ojo por ojo y diente por diente. Pero, a este paso, al final todos ciegos.