Abel Barriola ha sufrido en sus propias carnes un vía crucis. Desde el 12 de agosto de 2005, que fue intervenido de una fibrosis palmar y una pérdida de riego arterial a nivel del tercer y cuarto dedos de su mano derecha, se hallaba fuera de las programaciones de Aspe. La pesadilla ha llegado a su fin. El lunes volverá a la actividad. En su reaparición llevará como delantero a Miguel Capellán. Y los rivales que le han tocado en suerte son Patxi Eugi y Laskurain. Han sido seis largos meses en el ostracismo, «y después de tanto tiempo sin jugar, será como un nuevo debut», confiesa.
La lesión la llevaba arrastrando desde la primavera de 2005. Su diestra no le funcionaba. «Golpeaba a la pelota, no gozaba y además sentía dolores». Eran las sensaciones personales del navarro. Hasta que harto de resultados adversos y de arrastrarse por los frontones se puso en manos de los médicos. El diagnóstico resultó desalentador: una fibrosis en su derecha. «Es como si tuviera una canica dentro de la mano que alcanzaba el nervio principal y no dejaba pasar la sangre al tercer y cuarto dedos», explica el zaguero de Leitza, que no pudo evitar el paso por el quirófano.
Luego llegó la enrevesada y siempre complicada recuperación. En un principio el equipo médico y el pelotari se marcaron como una posible fecha para la reaparición «el Torneo del Cuatro y Medio, en noviembre». Sin embargo, las expectativas terminaron truncándose. «Empecé a tocar con pelota 'goxua' a finales de septiembre, pero me di cuenta que al pelotear del cuatro al cuatro la mano estaba muy blanda».
Posibles secuelas
Vuelta a empezar. Entonces se marcó como objetivo «endurecer la mano sin prisas y plazos. Quería evitar cualquier recaída y para ello me planificaron una rehabilitación muy específica y concienzuda». El camino, abrupto y con sus sinuosos badenes, «lo he recorrido sin prisas, pero sin pausas».
A tres días de su vuelta a las canchas, a Barriola le rondan los temores. No las tiene todas consigo. «Llevo varios entrenamientos muy buenos, aunque el miedo está presente ahí. Porque además de las escuelas físicas, siempre te quedan las secuelas psicológicas». El día H, el lunes que viene en el Beotibar tolosarra.
«Me imagino que saldré algo nervioso porque para mí será un día muy especial, es como volver a pasar el examen de un debutante», confiesa. «Lo que necesito es comenzar a jugar, ir cogiendo confianza y según vaya pasando el tiempo ir olvidando la operación».
Sus intenciones primordiales son «llegar al cien por cien de mi nivel y disputar los partidos que me ponga la empresa». Y en lo que se refiere a la intervención en las competiciones oficiales, tiene la esperanza de «participar en el Manomanista».