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Miércoles, 8 de febrero de 2006
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DEPORTES
ATHLETIC
Clemente prepara una batalla física ante el Real Madrid
El técnico arenga a sus jugadores para que presionen sin descanso al equipo blanco y desactiven a sus futbolistas más creativos
Clemente prepara una batalla física ante el Real Madrid
CONCENTRADOS. Orbaiz, Gurpegui y Guerrero, en el duro entrenamiento de ayer. / IGNACIO PÉREZ
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Javier Clemente reconoció el pasado lunes que el Athletic no llega al nivel del Real Madrid. El técnico de Barakaldo aseguró que sus jugadores son inferiores «en todos los aspectos» a los futbolistas blancos, pero añadió que su obligación como entrenador es conseguir que un equipo humilde consiga vencer a uno repleto de estrellas. El preparador rojiblanco observa una abismal diferencia entre el juego de ambos equipos y, por eso, está convencido de que la lucha sin cuartel y la presión asfixiante sobre la línea de creación rival son, ahora mismo, los métodos más indicados para contrarrestar el poderío ofensivo merengue.

En este sentido, el entrenamiento de ayer en Lezama -el primero que realizan los futbolistas con los sentidos plenamente centrados en el encuentro del sábado- disipó todas las dudas sobre el estilo que quiere ver sobre el césped. No ofreció pistas concluyentes sobre la alineación ni sobre el sistema de juego que tiene previsto utilizar. Pero sí dejó clara la actitud que quiere ver en su equipo. Pretende que el Athletic se convierta en un tormento constante para los futbolistas merengues, que sus hombres salten al campo convencidos de la importancia de no conceder ni un metro a sus rivales. Y es que Clemente es consciente de que el Real Madrid, que se encuentra en el mejor momento de la temporada con siete victorias en otros tantos partidos, es letal cuando juega cómodo. Y, en su estado de euforia actual, cada vez le cuesta menos sentirse a gusto sobre el campo.

«Vale empujar»

Clemente incidió en estos conceptos durante la sesión preparatoria de ayer. El ex seleccionador nacional organizó un entrenamiento en el que la presión sobre el rival y la intensidad prevalecieron sobre otros aspectos del juego, como la circulación del balón o la disposición táctica de los jugadores. Después de completar un circuito de preparación física, los futbolistas rojiblancos se dividieron en tres equipos para realizar movimientos de presión sobre un espacio reducido del terreno de juego. El ejercicio consistía en que uno de los grupos, con Urzaiz de comodín, trataba de robar el balón, mientras los otros dos hacían todo lo posible por evitarlo.

Fue en esta parte del ejercicio en la que Clemente puso especial atención. El técnico no dejó de arengar a sus futbolistas. Mientras los jugadores se esforzaban por robar el balón, Clemente les animaba constantemente y les recordaba que, a la hora de presionar sin cuartel, pueden permitirse ciertas licencias. Y más cuando enfrente se encuentran jugadores de la talla de Zinedine Zidane, Robinho y Ronaldo. «Vale agarrar, vale empujar», les gritaba una y otra vez el técnico baracaldés.

De esta forma, Javier Clemente mostró la agresividad que quiere ver en su equipo en el trascendental partido del sábado. Pero, no obstante, en el entrenamiento también se encargó de recordar que no quiere que esa agresividad en la presión se transforme en violencia sobre el terreno de juego. «Agarrad, empujad, pero no peguéis patadas», subrayaba.

Concluida esta parte del entrenamiento, reunió a sus futbolistas y los volvió a dividir. En esta ocasión, lo hizo en dos grupos. Sin embargo, el sentido del ejercicio no cambió. De nuevo con Urzaiz de comodín ofensivo para ambos equipos -el delantero navarro no participaba en las tareas de recuperación del balón-, los futbolistas practicaron otra vez la presión con la que pretenden ahogar la línea de creación merengue, pero esta vez divididos en dos equipos, y sobre una parte del terreno de juego muy reducida. Lo que no cambió fueron las instrucciones. «Hay que agarrar, hay que empujar», repetía Javier Clemente. San Mamés verá por tanto este sábado una batalla física para tumbar a un Madrid que resurge con fuerza. d.s.olabarri@diario-elcorreo.com




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