Cuatro soldados estadounidenses han muerto en las últimas horas en ataques perpetrados en distintas áreas del oeste de Irak. Tres de los militares caídos perdieron la vida el lunes en la explosión de una bomba en la ciudad de Hit, a unos 200 kilómetros al noroeste de Bagdad. El cuarto uniformado falleció ayer por las graves heridas que había sufrido en un ataque de rebeldes mientras participaba en 'operaciones de combate' en la provincia de Al-Anbar, uno de los feudos de la insurgencia. Al menos 2.254 soldados norteamericanos han pedido la vida desde el inicio de la invasión en 2003.
Por otra parte, siete personas murieron y unas treinta resultaron heridas en el doble atentado ocurrido ayer en el barrio Bab al-Sharq, en el centro de Bagdad, cuando dos bombas estallaron, aparentemente por control remoto, con unos quince minutos de diferencia.
Según fuentes del Ministerio del Interior, entre los muertos estaba al menos un policía, mientras que otros cinco agentes resultaron heridos.
Asimismo, tres iraquíes perecieron y otros seis resultaron heridos en ataques separados registrados en las últimas veinticuatro horas al noreste de la capital. Además, un grupo de hombres armados asesinó ayer a un religioso suní, el jeque Kamal Nazal, en la ciudad de Faluya. Kamal, conocido por sus críticas a la presencia de tropas extranjeras en Irak, había sido detenido por soldados estadounidenses durante varios meses, pero fue liberado recientemente.
Entretanto, las autoridades iraquíes han reforzado la seguridad en Bagdad y Kerbala como medida de precaución para evitar ataques durante la fiesta chií de Ashura, que tiene previsto comenzar mañana.