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Miércoles, 8 de febrero de 2006
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SOCIEDAD
EL EXPERTO
La alegría de la ciencia
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Desde Papúa, al otro lado del mundo, nos llegan noticias del 'mundo perdido'. En nuestro planeta, domesticado y globalizado a nuestra medida, de vez en cuando la ciencia nos habla de nuevos paisajes, de nuevos animales y plantas, en definitiva, de vida desconocida hasta ahora para nosotros. En los valles de la isla de Nueva Guinea, aislados y exhuberantes, la evolución montó sus laboratorios y trabaja desde hace millones de años. En cada valle hay una fauna y una flora propia, un paisaje característico y, si es el caso, una tribu de nuestra especie con su cultura peculiar y lenguaje único.

En un valle de las montañas Foja, los científicos han encontrado animales que no se asustan de su presencia, un nuevo edén, en palabras que seguro se utilizarán mucho los próximos días. Cuando ya creemos conocer nuestro mundo a la perfección, encontramos especies desconocidas y extraordinarias por su abundancia y riqueza: equidnas, canguros, ranas, mariposas, palmeras, aves del paraíso y otras más. Y casi no se mencionan los invertebrados, de los que habrá miles de nuevas especies si nos guiamos por la riqueza de los vertebrados. Es la excitación del descubrimiento de nuevas formas de vida, algo que sólo conocen los taxónomos.

Durante años, lo que allí se descubra alimentará nuestros conocimientos, las revistas y monografías científicas, las discusiones sobre la teoría evolutiva y sobre cómo funciona, el currículo de los investigadores que lo han descubierto y, creo que lo más importante, nuestra ilusión y alegría de vivir en un mundo que todavía nos reserva sorpresas y maravillas como las de este valle perdido.

Ésta es la reflexión que me mueve a escribir estas líneas y que quiero compartir y, si acierto en ello, transmitir a los lectores: ilusión por este mundo en que vivimos, viejo y siempre nuevo, antiguo y lleno de novedades, un planeta que, cuando creemos que ya es nuestro, nos depara sorpresas. Y la ciencia es la que nos da esta alegría, esa ciencia aventurera y emprendedora, tan poco publicitada, tan escasamente popular, tan mal comunicada a nuestros ciudadanos. Así es la ciencia, metódica y explosiva, seria y divertida, trabajo en equipo y creatividad individual y, sobre todo, ciencia eternamente inacabada, maravillosamente sin concluir, la ciencia que, hasta que llegue nuestra propia extinción, nos permitirá, con conciencia y con consciencia, disfrutar de la vida en toda su extensión.




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