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Miércoles, 8 de febrero de 2006
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Todo les sale a las mil maravillas: pillan al delincuente justo en el momento en que está a punto de tomarse las de Villadiego en un avión particular, van a la casa de un sospechoso y sobre una mesa está el lapicero láser que lo incrimina en un accidente, los bancos comunican a las autoridades monetarias incluso aquellos movimientos que no son de declaración obligatoria. Como en la realidad, para qué vamos a engañarnos.

Hace dos o tres temporadas, cuando para nosotros 'CSI' transcurría solamente en Las Vegas y el jefe de los forenses era Grissom, la serie era de una calidad indudable. Por las historias que contaban, por la perfección con que estaban perfilados los personajes, porque introdujo nuevos modos de realización. Tanto es así que en 'El comisario', la serie de Telecinco, se dejó notar la influencia de CSI. Es más, hasta la Policía dio un giro a la hora de contar los casos que resolvían, no fuéramos a creer que en las comisarías no se conocían los bastoncillos de algodón para dar con el ADN. Luego empezaron a quejarse de que los delincuentes aprendían mucho y era más difícil pillarlos. Hay que ver lo que se aprende con la tele.

Pero ahora, los casos que se plantean no son tan intrincados. Además, Horatio Caine, el jefe en Miami, no tiene el tirón de Grissom. Este lunes el primer episodio se titulaba 'El avión del dinero' y, por éstas, que no fue un buen capítulo. Además, la semana anterior, Caine y la viuda de su hermano habían insinuado que en realidad no era viuda, que el hermano podía estar vivo y paseándose por ahí con otra identidad. ¿Cómo puede decirse eso y no dar más pistas en el siguiente episodio! Eso revienta un poco, la verdad. Pero lo que más chirría es que todo lo resuelven de forma muy facilona, en un pispás. Incluso los guionistas se valen de recursos retóricos un poco tontos para explicar a la audiencia cómo y por qué se obtiene la información tan fácilmente. Producen nostalgia aquellos primeros capítulos tan distintos.




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