Los primeros residentes llegaron ayer al albergue de Amorebieta, convertido ya en centro de acogida para los menores inmigrantes que acaban de llegar a Vizcaya. Su estancia allí tendrá carácter transitorio, hasta que estén preparados para continuar su proceso de integración social en otro equipamiento. El albergue, que cuenta con 50 plazas, estará atendido por un equipo de al menos trece educadores, además del coordinador y el director.
La gestión correrá a cargo de la asociación Landalan, la misma que hasta ahora ha trabajado en el centro Olakueta de Berriz. El de Amorebieta tendrá diez plazas más con un coste estimado de 110 euros al día, según consta en el convenio que suscribirá con la Diputación. Los turnos establecidos son de cuatro educadores por la mañana, cuatro por la tarde y tres por la noche. Otros dos harán seguimiento de la evolución de los menores. Algunos trabajadores deberán tener conocimientos del idioma árabe, y también se valorará el euskera.
Clases, talleres y deporte
El ratio de personal, similar al que había en el centro de acogida de Loiu, es escaso en opinión de ELA y LAB, que consideran «excesiva» la capacidad del albergue «cuando todo el mundo apuesta por residencias pequeñas, con 20 plazas como máximo. Ahora hablan de 50, pero se puede rebasar ese límite», afirman. El rechazo vecinal y la dificultad de encontrar ubicación para estos servicios han influido en la decisión de abrir un único centro en un edificio de titularidad foral.
Los educadores deberán cubrir las necesidades básicas de los menores, colaborar en el proceso de verificación de su edad e iniciar un proceso formativo con clases de castellano y euskera entre otras disciplinas, talleres y actividades deportivas. A la hora de trasladarles a otras residencias o pisos, se valorará su comportamiento y su «deseo explícito de integración».
La Diputación propuso a las 16 personas que trabajaban en el albergue su traslado a la residencia de Plentzia, y más de la mitad ya lo ha hecho. De los restantes, sólo dos desean quedarse en Amorebieta tras informarse sobre el nuevo servicio. «Las condiciones no son buenas», afirman fuentes sindicales. «Seguimos negociando».