Revolucionaron al respetable. Uno por su simpatía. El otro, más introvertido y condicionado por su desconocimiento del castellano, por su planta. Travis Hansen y Casey Jacobsen volvieron a pisar ayer un aula. No es que se presentaran a ningún examen. Conformaron la comitiva azulgrana que presentó en Jesús Obrero las 'Series colegiales de la ACB', una competición de nuevo cuño diseñada para adolescentes.
En otras escuelas como Corazonistas, Ursulinas, Diocesanas y Marianistas, la chavalería también disfrutó de su ración de TAU.
La visita de Hansen y Jacobsen alborotó a los estudiantes, que se lo pasaron pipa durante la hora que departieron juntos. La cita se concertó en el coqueto pabellón de la escuela. Alrededor de doscientos chicos aguardaron, gritaron, jugaron y tocaron a sus ídolos. Sobre todo a Hansen, que se destapó como un auténtico 'showman' por su desparpajo y saber hacer. «Es maravilloso que hayan venido, pero tenían que hacerlo más», solicitó Andrés, de 13 años.
Tras la presentación y los primeros saludos, se montó un partidillo con la pareja ejerciendo de entrenadores. Hansen celebró cada punto de los suyos con los brazos en alto y girándose teatralmente hacia el personal. Ovaciones cerradas. Público en el bolsillo.
Luego, pulso triplista entre los profesionales. Ahí, Jacobsen se ganó más aplausos. Hasta que al final, jaleado por los niños, Hansen hizo un amago de mate, culminado por un gesto de haberse roto su maltrecha espalda. Risas.
Quedaba lo más complicado, dedicar un autógrafo a cada uno de los chicos. La fila era interminable, pero nunca perdieron la sonrisa. «Cuando estuve en el colegio, me hubiera encantado que me visitara algún profesional», dijo Hansen. ¿Nunca fueron? le preguntaron. «No, allí sólo estudiamos. Nunca descansamos».