CiU dio ayer un nuevo paso en su cortejo al Gobierno y se ofreció como socio parlamentario estable con independencia de la relación que mantengan los socialistas y ERC. Zapatero, a su vez, alimentó las expectativas nacionalistas con un trato deferente a su portavoz parlamentario, con el que se reunió en su despacho del Congreso.
La primera sesión de control al Gobierno del año permitió comprobar el cambio de papeles que se ha producido desde el último pleno de diciembre. Mientras el portavoz de CiU, Josep Antoni Durán Lleida, salía en defensa del presidente y recriminaba a Mariano Rajoy sus críticas al acuerdo estatutario y sobre el sistema de financiación, su homólogo en ERC, Joan Puigcercós, ejercía de inquisidor del pacto. El presidente empleó un tono amable en su respuesta a Durán, mientras que con Puigcercós fue menos afectuoso, e incluso le reprochó que dudara de los beneficios del nuevo modelo para Cataluña.
En una de las actuaciones más desganadas y deslavazadas que se le recuerdan, Rodríguez Zapatero hizo una cerrada defensa del acuerdo estatutario. A Rajoy, que dijo que la política territorial y antiterrorista del presidente es «una vergüenza» de la que «espero que se arrepienta pronto», le reprochó sus descalificaciones a un acuerdo que dice ignorar. En cuanto a la negativa de ERC de unirse al acuerdo, al presidente le resulta inexplicable en un partido «progresista».
El 'idilio' vespertino entre PSOE y CiU tuvo su prolegómeno matinal. Durán mostró la «disposición positiva» de su grupo a garantizar la estabilidad parlamentaria del Gobierno, «sea cual sea» la relación entre socialistas y ERC. Sin embargo, matizó que no se entendería que Zapatero mantuviera su trato deferente con los republicanos, y que éstos siguieran en el tripartito catalán, si persisten en su negativa a respaldar la reforma estatutaria.
Bono insiste
Por otra parte, el ministro de Defensa, José Bono, mantuvo ayer punto por punto, en declaraciones al grupo Intereconomía, sus críticas a Pasqual Maragall, a quien pidió el martes que deje de «generar problemas». El titular de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, se desmarcó ayer de sus palabras y valoró la aportación de Cataluña a la revisión del modelo autonómico.
Los reproches no han sentado nada bien en el PSC. Su vicepresidenta, Manuela de Madre, criticó la «falta de compañerismo» de Bono, mientras que el portavoz, Miquel Iceta, acusó al ministro de «pasar factura» a los socialistas catalanes por apoyar a Zapatero en el congreso que le encumbró como líder del PSOE, en contra de las aspiraciones del propio Bono.