Una investigación médica tan amplia y costosa que se lo denomina «el Rolls-Royce de los estudios» ha dejado planchados a los médicos de EE UU. Según los resultados, el cambio a una dieta más sana baja en grasas y abundante en frutas, verduras y cereales no influye en el riesgo de enfermedades cardiacas, cáncer de colon o de pecho, que es lo único en que se fijaban los investigadores.
«Este estudio es revolucionario y debería poner fin a la era de pensar que tenemos toda la información que necesitamos para cambiar la dieta de un país y hacer que todo el mundo viva sano», declaró a 'The New York Times' el doctor Jules Hirsh, que ha dedicado su carrera a investigar los efectos de la dieta en la salud.
La investigación ha costado al Gobierno de EE UU 415 millones de dólares, financiados a través del Instituto Nacional de la Mujer, de notable reputación por haber descubierto que los riesgos de tratamientos hormonales para la menopausia sobrepasan los beneficios.
En él han participado durante ocho años 49.000 mujeres de entre 50 y 79 años. A 19.500 se les pidió que redujeran el contenido de grasas en su dieta, bajo supervisión de expertos. En ningún momento se les alentó a hacer ejercicio, perder peso o tomar otras medidas para evitar que éstas contaminaran el resultado. Transcurridos ocho año, los médicos han tenido que admitir que ambos grupos muestran los mismos índices de las enfermedades estudiadas.
Los críticos insisten en que el estudio se había quedado obsoleto, ya que seguía las directrices de nutrición de hace una década, en la que no se diferenciaba entre las grasas beneficiosas, como el aceite de oliva, y las saturadas, como la mantequilla. En ese tiempo la dieta mediterránea estaba demonizada, mientras que hoy se considera un modelo de salud. El mismo proceso han sufrido otros productos como los huevos, a los que ya no se atribuye ninguna influencia sobre el colesterol.