El Correo Digital
Viernes, 10 de febrero de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Vaya semana
Es increíble, pero hoy en día el matrimonio tiene buena prensa. Yo creo que nunca la ha tenido tan buena como ahora. De hecho, hasta los colectivos teóricamente más discrepantes e históricamente más descarriados lo reivindican con entusiasmo y vigor. Y por si fuera poco, esta semana un equipo de científicos norteamericanos ha hecho públicos los resultados de una reciente investigación que demuestra que el matrimonio es bueno para la salud. Que el contacto del cónyuge es un analgésico eficaz y que basta con que el marido coja la mano de la esposa alterada o enferma para que ésta sienta un alivio inmediato y vea mitigado su dolor. ¿Pueden creerlo? En fin, por lo demás, la semana ha sido bastante aterradora en lo que a las noticias se refiere. Las únicas noticias medianamente buenas procedían del campo de la ciencia, como el éxito probado en el trasplante de rostro de Isabelle Dinoire, el hallazgo de nuevas especies animales en una selva inexplorada de Indonesia y esta, en realidad, poco sorprendente demostración del poder terapéutico del afecto conyugal, que viene a dejar suficientemente avalada la constatación de que los hombres y mujeres casados gozan por lo general de mejor salud y viven más tiempo que los solteros. Lo que me recuerda que hace unos años otro equipo de científicos demostró que creer en Dios no sólo mejora la salud y alarga la vida, sino que también funciona como un potente antidepresivo. Está visto, pues, que tanto Dios como el matrimonio comportan (al igual que la práctica del deporte y el cultivo del sentido del humor) innegables beneficios para la salud de los ciudadanos. Ahora bien, dentro de unos límites, supongo. Como todo. Lo importante son los límites. Me imagino que habrá esposas que nada más ver acercarse la mano del marido, en vez de sentir consuelo se echarán a temblar. Porque así como un exceso de deporte puede empezar a resultar perjudicial, también un exceso de matrimonio o un exceso de Dios pueden acabar teniendo efectos indeseados. Y a veces desastrosos. Ejemplos no faltan. Esta semana ha sido también especialmente terrible en ese sentido. Los crímenes a manos de maridos enloquecidos y los asesinatos en nombre de Dios han llegado a unos extremos verdaderamente insoportables. No está claro cómo actúa Dios en el mundo. En realidad, ni siquiera podemos estar seguros de que actúe de algún modo. Ahora bien, los que dicen actuar en su nombre causan espanto. El fanatismo, tanto en la religión como en el amor, genera violencia y muerte. Estamos hartos de verlo. Al final no queda otro remedio que apelar una vez más a la tolerancia y a un sano y elemental cultivo del sentido del humor.



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