A la supervivencia de las lenguas minoritarias le sobran episodios dramáticos, como la muerte en el año 2000 de Marie Smith, la última hablante de eyak, un idioma de los nativos de Alaska. Y tampco incitan al optimismo los 94 años de la única persona que sabe miwok, una lengua de una tribu india de Norteamérica.
Sin embargo, el catalán Félix Martí, uno de los expertos que han contribuido al 'Informe de las lenguas del mundo', prefiere no caer en el desánimo. «Pensábamos que las lenguas orales no tenían futuro, pero la fuerza de la radio y de la televisión hechas por las comunidades lingüísticas en países de África, por ejemplo, nos han hecho relativizar esta idea. La escritura es un factor de prestigio, pero ya no significa una cuestión de vida o muerte», resalta Martí, que ayer estuvo en Bilbao para presentar la versión en euskera del informe, titulada 'Hizkuntzen mundua. Munduko hizkuntzei buruzko txostena'.
El estudio, que ha contado con la participación de profesores vascos como Itziar Idiazabal y Patxi Juaristi, se ha elaborado a partir de 1000 encuestas realizadas a hablantes de 525 idiomas diferentes. Según las conclusiones, hoy se hablan unas 6.000 lenguas, de las cuales desaparecerán unas 4.000 a lo largo del siglo XXI. Los informantes atribuyen la agonía de sus lenguas a la falta de reconocimiento oficial y de prestigio, la vergüenza y el miedo, además de causas demográficas como la emigración y las parejas de distintas lenguas maternas.
Cohesión y riqueza
Martí cita también otros elementos letales como la construcción de embalses y otras infraestructuras en el continente africano, «que ocupan valles enteros y dispersan o diezman a las poblaciones lingüísticas». Pero el experto catalán sigue dándole la vuelta a la tortilla. «Hay experiencias muy positivas en África y en Australia, donde los jóvenes piden a los ancianos que les digan cómo se nombran las cosas de la vida cotidiana para que las palabras no se pierdan».
La pervivencia de las lenguas, si se sabe utilizar, contribuye al desarrollo económico, subraya el especialista. «Algunos aborígenes australianos ya lo han visto así. El idioma les proporciona una cohesión que produce más riqueza para ellos que si se diluyeran en el inglés, mayoroitario de su país».
Los hablantes deben estar orgullosos de sus lenguas autóctonas para que éstas sobrevivan, y ser multilingües para no perder oportunidades. Por su parte, resalta Martí, los políticos no deben utilizarlas para enfrentar a distintas comunidades. Los inmigrantes no son para él un problema, al menos en el País Vasco y en otras partes de España como Cataluña. «Hay que hacerles ver que el euskera les servirá para vivir mejor en su nuevo lugar de residencia».