Jennifer Aniston se apunta al 'thriller' psicológico para demostrar a los más incrédulos que esgrime todo tipo de registros. Si lo consigue, o no, queda reflejado en 'Sin control', cinta en la que la ex de Brad Pitt comparte la pantalla con Clive Owen y Vincent Cassel. El sueco Mikael Hafström, artífice de 'Evil' (nominada a los Oscar de 2004 como mejor película extranjera), defiende su primera obra con capital americano.
Con títulos como 'Fuego en el cuerpo' en el punto de mira, uno de los objetivos de 'Sin control' es explotar la atracción sexual entre la pareja protagonista, dos pobres incautos que se ven inmersos en un chantaje criminal. Charles (Owen), un ejecutivo agresivo de carrera ascendente, ejemplar hombre de familia, se topa con Lucinda (Aniston), una atractiva mujer con la que va más allá del flirteo. La pasional aventura incontrolable se convierte en el principio de una locura peligrosa cuando un violento proscrito (Cassel) entra en escena y complica la trama.
El misterio y el crimen irrumpen en la historia y Charles se ve atrapado en un mundo extraño, que nada tiene que ver con su vida anterior. Y no puede confesárselo a su mujer ni a la policía. Una pesadilla kafkiana que no oculta su barniz comercial. 'Sin control' se ajusta a los cánones de película trufada de giros y sorpresas. Aniston la define como una «montaña rusa», con un guión «maravillosamente bien escrito». Sin embargo, con tal de epatar al espectador, las acciones se suceden sin tener muy en cuenta el sentido común. Los personajes reaccionan dejando a un lado la lógica y la naturalidad en pos del espectáculo.