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Viernes, 10 de febrero de 2006
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CULTURA
ALEJANDRO JODOROWSKY, ESCRITOR Y CINEASTA
«Mi patria son mis zapatos»
El creador chileno visitó ayer las obras de restauración de la catedral de Santa María de Vitoria
CONTROVERTIDO. Jodorowsky fue uno de los fundadores del movimiento Pánico junto a Fernando Arrabal. / IGOR AIZPURU
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Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929) echa las cartas del tarot cada miércoles en el café Mystique de París, cerquita de su casa. «La gente llega a las cuatro y el propietario hace un sorteo, porque sólo puedo atender a cuarenta. Vienen muchos españoles en avión; argentinos, mexicanos, italianos ».

-No cobrar le diferencia de tantos impostores y charlatanes.

-Tengo tres principios: no cobro, no leo el futuro y no doy consejos. No tomo poder, sólo presento opciones. Si una mujer me pregunta si va a encontrar un hombre, yo le explico por qué no lo consigue; ¿voy a encontrar trabajo? No lo sé, pero te digo por qué no lo hallas.

Tarólogo es la última reencarnación de Jodorowsky, que tiene como clientes fijos a Peter Gabriel, Marilyn Manson y el ex presidente de Chile Eduardo Frei -«sufría un problema con su hija»-. El fundador del movimiento Pánico, hoy autor de 'best-sellers' sobre psicomagia, visitó ayer las obras de restauración de la catedral de Santa María de Vitoria. Sugirió erigir una escultura consagrada a los virus, «ángeles exterminadores que llegan cuando deben para provocar pestes y equilibrar la población».

-¿Es usted un iluminado?

-Me lo han llamado muchas veces. Y gurú, santo, loco, extranjero indeseable Yo tengo certezas, pero no verdades. Lo mío no son creencias, sino conocimientos que he experimentado. A un gran místico hindú, Ramacrisna, le preguntaron si creía en Dios. Y respondió: «No, porque lo conozco».

-Cuando subvertía el surrealismo desde el escenario junto a Fernando Arrabal, ¿sospechaba que terminaría escribiendo libros de autoayuda?

-No, pero siempre he tenido esa vocación de ayudar. El Pánico en España se identifica con Arrabal, se dice 'una arrabalada', como sinónimo de locura y ridículo. El Pánico para mí era otra cosa: la fiesta, romper límites, descubrir nuevas lógicas y semánticas, salirse del Surrealismo.

-Y descubrió el valor terapéutico del arte.

-Me sentía un parásito social, un bufón de la sociedad. Quise ser útil, y encontré que el único arte interesante es el que cura. Ojo, no hablo de locos pintando, sino del arte que apela al inconsciente y provoca pequeñas mutaciones en la vida cotidiana. ¿Qué es la felicidad? Pues estar cada día menos angustiado que el anterior.

-¿Y el tarot?

-Tardé ocho años en descubrir que se podía leer honestamente, porque estaba en manos de los brujitos que hacen negocio y dicen lo primero que se les pasa por la cabeza.

-¿Y su negocio no son sus libros?

-Huy, se gana muy poco. Si tardo dos años en sacar uno, con el dinero que me dan sólo puedo sobrevivir un mes.

-¿Y de qué vive usted?

-De los guiones de cómic. Trabajo con diez dibujantes, los mejores que hay (Moebius, Juan Giménez ). Soy como una industria.

Miedo a la muerte

-¿Qué relación mantiene con el dinero?

-Muy buena. Hago muchas cosas gratis. El miércoles anterior a Navidad leí el tarot a cuarenta personas y a cada una de ellas les di cinco euros. Invertí. Cuando imparto un curso, voy bajando el precio a medida que los discípulos avanzan, hasta que doy el curso gratis. A mí me consulta la industria del acero, psiquiatras, arquitectos Les doy ideas, y recibo el dinero por mis servicios, no soy un comerciante. jamás busco el dinero, si llega, llega. Por ejemplo, Franco Battiato me ha pedido que haga de Beethoven en su película. Le dije que estaba loco y le pedí una suma muy alta. Me la pagó.

-¿Hasta qué edad vivirá?

-Antes quería llegar a los 120, ahora he aumentado hasta los 170. Los pelos de la nuca y las uñas están hechos para vivir 150 años, les siguen creciendo a los cadáveres. ¿Y sabía que los ojos duran 200 años? Claro que nos traiciona lo que comemos y respiramos. Y el ego. Yo me propongo vivir todo lo más que pueda.

-¿Ha vencido el temor al dolor físico, a la decrepitud?

-Totalmente. No he sufrido nunca un dolor gigantesco, pero si lo tuviera, me suicidaría. Espiritualmente he vencido el miedo a la muerte, ya me veo desaparecer. Corporalmente me da pánico.

-Su padre vivió cien años.

-Cien años y un mes. Y se murió porque quiso, por tonto. Le dijeron que tenía un cáncer. Y se operó. Lo metieron en el hospital, le abrieron y vieron que no tenía cáncer. Se murió por tonto. Después de los cien años hay que hacerse amigo de los virus y morir de su muerte.

-¿Cuál ha sido el motor de su vida?

-Aprender a morir. Llegar a una muerte feliz y aceptarla. La otra cosa es ver a Dios, me muero de ganas de contemplar el universo entero, y después, si existe Dios, verlo. Con eso ya me bastaría.

-¿Cuál es su patria?

-Mis zapatos, y mi hogar, la palabra 'gracias'. No tengo raza ni nacionalidad interior. Tampoco edad, y últimamente me estoy quedando sin nombre. Cuando quieres romper límites espirituales, lo primero que rompes son tus raíces, lo que te define. Es una forma de ir muriendo.

-¿Y el amor, dónde queda?

-No queda, porque la vida es amor puro. El mal es el olvido del amor. Mire, yo tengo hijos, y cuando les amas descubres el amor paternal; después ya amas a todo el mundo. Mis padres no me amaron, yo no soy un hijo del deseo, sino del odio. Ellos fueron terribles conmigo, y yo les hice mucho daño a mis primeros hijos. Sin embargo, el último es una maravilla porque lo tuve a los cincuenta años y ya había aprendido. Si no has recibido amor, no sabes darlo.

-Recéteme un acto para mejorar mi vida. ¿Qué puedo hacer si no tengo confianza para hablar en público?

-Lleve siempre consigo un tubito con miel. Y cuando vaya a hablar, póngase una pizca en la lengua. Así sus palabras serán dulces.

-¿Qué hago para no sentirme devorado por el trabajo, sin tiempo para mí y los míos?

-Coja mil euros y vaya a un casino. Y los juega hasta que los pierda. Después se pasa tres días tirado en casa sin hacer nada: coma, vea la tele... Y se dará cuenta de que tenemos todo el tiempo del mundo, pero debemos aprender a dirigirlo. Le han enseñado que no obtiene si no hace un esfuerzo, y en la alquimia hay dos vías: la seca -esforzarse, rezar, estudiar, dolor- y la húmeda -abrirse para recibir-. ¿Quiere otra enseñanza?

-Venga.

-Un tipo gana millones en la lotería. Acuden los periodistas y está triste. Muestra dos recibos, uno premiado y otro no. Nunca estamos satisfechos.



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