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Viernes, 10 de febrero de 2006
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Estado de perplejidad
El espectacular batacazo en Zaragoza desconcierta al Real Madrid de López Caro, que llevaba una racha de siete victorias consecutivas
CON RONALDO. López Caro dirige la sesión de ayer. / J. R. LADRÁ
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El desastre de La Romareda ha sumido al Real Madrid en el desconcierto. Nadie en la 'casa blanca' se explica bien qué ocurrió la noche del miércoles para que un equipo que, con López Caro en el banquillo, iba viento en popa a toda vela y estaba devolviendo la ilusión y el orgullo a sus aficionados, se diera, de repente y contra todo pronóstico, semejante batacazo. La sorpresa ha sido monumental para los madridistas, que ayer se dividían en dos grandes grupos en función de su forma de digerir la goleada.

Por un lado estaban los aficionados que, aferrados a un afanoso optimismo, veían lo ocurrido como un accidente e invocaban al espíritu de las remontadas históricas, «el espíritu de Juanito» como lo llamó Iker Casillas. A este grupo entusiasta le echó ayer un capote el club desde su página web oficial publicando el listado de las remontadas coperas más sobresalientes: el 11-1 al Barça en 1943 tras haber perdido por 3-0 en Las Corts; el 6-0 al Betis en 1947 tras haber caído por 4-0 en Sevilla; el 8-0 al Athletic en 1960 después de un 3-0 en contra en San Mamés que parecía definitivo; o el 5-0 que le sirvió para eliminar en 1975 a una Unión Deportiva Las Palmas que le había endosado un sonrojante 4-0 en El Insular.

Y por otro lado estaban los aficionados pesimistas, los atormentados que vislumbraban en el 6-1 un regreso al pasado reciente, a la caverna, a los dos años de tinieblas que se iniciaron cuando, precisamente el mismo Real Zaragoza, les derrotó en la final de la Copa de 2004.

Los próximos partidos, empezando por el de mañana en San Mamés, dirán quiénes estaban en lo cierto. Lo que está claro, de todas formas, es que al Real Madrid le ha hecho daño este tropiezo, que ha reabierto las viejas dudas en el entorno merengue. Juan Ramón López Caro, por ejemplo, ha pasado en unas horas de ser el salvador, el hombre trabajador y sensato que le hacía falta al equipo blanco desde la marcha de Vicente del Bosque, a ser desacreditado y cuestionado.

«Máximo culpable»

El técnico andaluz, que ayer volvió a declararse «máximo culpable» de lo sucedido y no quiso dar por sentenciada la eliminatoria -las rendiciones antes de tiempo, dijo, son «para los cobardes»-, se estará preguntando a estas alturas cuál fue su error en Zaragoza. La prensa madrileña cargó contra él por tres razones fundamentales: por las rotaciones en la defensa, en la que hubo tres cambios respecto a la del partido ante el Espanyol (entraron Salgado, Helguera y Sergio Ramos); por la suplencia de Zidane, cuya conexión con Guti estaba siendo uno de los grandes activos del equipo; y por mantener en el campo los 90 minutos a un Ronaldo ausente.

Sin embargo, ninguna de estas críticas eran las que de verdad preocupaban al técnico merengue, cuyos desvelos en el entrenamiento vespertino de ayer en Valdebebas iban por otro lado. Lo que le dolía realmente era haber constatado la debilidad psicológica que todavía se aprecia en su equipo, incapaz de detener o ralentizar una hemorragia como la que le provocaron Milito, Cani y compañía. Vamos, que López Caro pudo comprobar en La Romareda que la salud de su equipo, sobre todo la mental, no era tan buena como las siete victorias consecutivas parecían indicar y que algunos de los males que le han carcomido en los dos últimos años todavía están presentes.

Ronaldo, bajo de forma

Otra de las preocupaciones ciertas de López Caro tiene que ver con el mal rollo que rodea a algunos de sus jugadores, cada día más cuestionados. Es el caso de Ronaldo, que está bajo de forma y parece haber perdido definitivamente su comunión con la grada. Y es el caso también de tres clásicos de la defensa blanca, Salgado, Helguera y Roberto Carlos, a los que desde muchas tribunas ya se les está jubilando. Así las cosas, el Real Madrid llegará mañana a Bilbao, una plaza incómoda para él, en un confuso estado de ánimo, entre el ansia de desquite y el miedo a un nuevo tropiezo que desataría la crisis. Habrá que ver cómo responde y qué Athletic tiene enfrente.



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