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Viernes, 10 de febrero de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Rodando sobre las cenizas de Heras
Los ciclistas lamentan que en cada caso de dopaje la culpa recaiga sólo sobre el corredor implicado
Roberto Heras.
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A mediodía, a dos pasos de la playa de Magaluf, hay un funeral. Ante los participantes de la Challenge de Mallorca pasan las cenizas de Heras, el ciclista que hasta el miércoles había ganado cuatro ediciones de la Vuelta y que sólo conserva tres. La cuarta se la ha quitado un test antidopaje emborronado con EPO. Cenizas sobre su carrera deportiva. En febrero, el cielo azul de Mallorca es táctil, parece que se puede palpar. El enjambre de turistas que pisan la isla con sandalias y calcetines a media asta disfruta de los dos productos regionales: sol y playa. Para los otros ocupantes de Magaluf, los ciclistas, era día de entierro. A soplar sobre las cenizas del compañero caído. Es un gremio manso. Siempre pedalea. Caiga quien caiga. Hacia delante, pendiente sólo de la rueda del que le precede, sin girarse ante el estruendo de un deporte en derribo.

Es Freire, un campeón del mundo con voz y criterio, el que da la visión del proletariado: «Siempre se 'la carga' el corredor». Apunta al entorno. «Es una exageración sancionar con dos años a un ciclista, sobre todo si lo comparamos con lo que ocurre en otros deportes». Su compañero Horrillo recita un argumento paralelo: «No sé si toda la responsabilidad es del corredor». Con todo, el vizcaíno del Rabobank enfoca hacia la normativa: «Todos sabemos que está ahí y que te pueden caer dos años».

El ciclismo está en fase de eclipse, tapado por la yuxtaposición de escándalos. Juan Fernández, director del Phonak, también se aferra al reglamento: «Es duro, pero hay que cumplirlo». Al tiempo, sale en defensa de Heras: «Siempre ha tenido una conducta intachable, ha creado afición a este deporte». Era un campeón y ahora es un olvidado. Sobre la salida de la última jornada de la Challenge aletea un pregunta recurrente: ¿Hay solución? Fernández lanza la suya: «Depende de los directores y los médicos. Tiene que haber un control estricto y al corredor que supere los límites hay que apartarlo». Es una teoría. La realidad, mientras tanto, va mutilando dorsales.

Hay más teorías. La de Martín Perdiguero, por ejemplo: «La vida es libre. Cada uno debe hacer lo que quiera. Estoy en contra de todas las sanciones y de una sociedad tan hipócrita. Al final, todo lo pagamos los ciclistas». Tiene el corredor madrileño una visión del ciclismo más cercana al espectáculo que a la esencia del deporte: «El que quiera espectáculo que ponga los documentales de La 2». Según Perdiguero, la opinión pública quiere asistir al circo romano: subidas como el Angliru, etapas maratonianas, sufrimiento..., y además, emoción, lucha, alternativas. O sea, espectáculo. Pero luego, cuando se descubre que alguien ha recurrido a la farmacia, se le da la espalda.

Procesos largos

Es cierta la presencia de esa hipocresía. Sin embargo, permitir la 'barra libre' en aras del espectáculo convertiría a un deporte legendario en una versión sobre ruedas de esa lucha libre americana en la que varios colosos hormonados simulan combates a muerte.

«Lo peor -defiende Gregorio Moreno, presidente de la asociación de organizadores españoles- es que todos los procesos por dopaje se alargan en el tiempo. Hay que zanjarlos cuanto antes, sin que ocupen durante meses páginas en los periódicos». El positivo de Heras, por ejemplo, nació en un control del 17 de septiembre. Aún dura, pendiente de un recurso del corredor. Mientras, sus cenizas vuelan por el aire de la salida. Sus compañeros ponen los músculos al ralentí. Toca etapa. Ellos pedalean hacia delante; el ciclismo, hacia atrás.



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