El Correo Digital
Viernes, 10 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
EDITORIAL
Escasa planificación
La visita de Estado del presidente Vladímir Putin a España, que finalizó ayer, ha dejado la impresión de haber carecido de la planificación necesaria para explotar al máximo la presencia de uno de los jefes de Estado más importantes del mundo. Y aunque se han firmado acuerdos de cooperación y una declaración conjunta sobre la lucha contra el terrorismo, es evidente que no se ha cubierto el principal objetivo de impulsar de forma decidida la colaboración económica hispano-rusa. Una meta que, antes de emprender esta visita, Putin había esbozado, al lamentarse del exiguo balance de comercio, inversiones y cooperación energética en la relación bilateral entre ambos países, y a la que le ha faltado concreción para poder darse por lograda.

En otros campos las conversaciones han sido más fructíferas. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, muy volcado en sus tareas de enviado en Oriente Próximo, ha conseguido que Putin haga un gesto hacia el futuro Gobierno palestino de Hamás e invite a sus representantes a un diálogo en Moscú que ayude a limitar su radicalismo. El mandatario ruso ha escuchado una vez más la posición española y europea sobre la crisis nuclear con Irán y en los importantes asuntos consulares y de cooperación judicial y policial se han dado pasos adelante. En un apreciable gesto de amistad, Putin dio su respaldo al proyecto de alianza de civilizaciones de Zapatero y Erdogan. Y tampoco es despreciable la declaración contra la violencia y a favor de una lucha contra el terrorismo dentro de los límites del Estado de Derecho, aunque las prácticas rusas en Chechenia, denunciadas en muchas instituciones de vigilancia de los derechos humanos, relativicen su alcance. Pero, más allá de estos logros, el contenido del viaje no ha respondido plenamente al deseo del presidente ruso de mantener una relación privilegiada y estratégica con nuestro país, que había propuesto en su anterior visita de 2000. Es más, ha quedado la sensación de haber sido un paso intermedio cuando podía haberse convertido en una cumbre decisiva para las relaciones, sobre todo económicas, entre Rusia y España.



Vocento