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Viernes, 10 de febrero de 2006
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POLÍTICA
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Las soluciones prohibidas
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La decisión de Xabier García Gaztelu, 'Txapote', o Juan Carlos Iglesias Chouzas, 'Gadafi', de acogerse a beneficios como cumplir condena en España supone una apuesta por salidas individuales con muy pocos precedentes. Hasta hace una década, una decisión así equivalía a una blasfemia para la ortodoxia terrorista que se castigaba con la expulsión del colectivo e incluso con la muerte, como fue el caso de María Dolores González Catarain, 'Yoyes', 'acusada' de traición por aceptar la reinserción de manera individual.

Desde 1992, ETA prohibió a sus militantes disfrutar de beneficios penitenciarios conseguidos de manera individual. En ese momento, la banda buscaba cerrar filas para evitar que la dispersión provocase un hundimiento del 'frente de makos'. Esta decisión se vistió con la teoría de uno de los fundadores de ETA, según la cual, un militante de la banda «sólo debe aceptar la victoria, la muerte o la cárcel». Dentro de ese discurso se entendía, además, que acogerse a medidas de gracia era una debilidad ya que reconocía la legitimidad del enemigo y su capacidad para redimir una pena de la que, según su percepción, no había nada que redimir.

La prohibición de recorrer caminos fuera del colectivo también buscaba cerrar el goteo de presos que se estaba reinsertando, especialmente desde la prisión alavesa de Nanclares. Cargos de la lucha antiterrorista recuerdan cómo, en los 90, «había presos que se negaban a aceptar la libertad condicional cuando se les ofrecía por el miedo a lo que iban a decir de ellos al volver a casa».

Sin embargo, la situación de los reclusos, que, según las citadas fuentes, «vivían en una olla a presión y no estaban dispuestos a seguir siendo ellos los únicos que se sacrificasen dentro de la organización», obligó a realizar cambios. A partir de 1995, la banda y su entorno comenzó a mirar hacia otro lado ante las peticiones de beneficios realizadas de manera individual, siempre que fuesen discretas.

En 2003 se produjo un hito cuando 99 presos de ETA, con el permiso de la banda, reclamaron el pase al tercer grado. Según las fuentes consultadas, para ese momento la presión sobre los presos para que mantuviesen unido el colectivo por parte del MLNV había practicamente desaparecido.

o.b.otalora@diario-elcorreo.com



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